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Desafío #27: Las Fiestas

Aquí guardaremos todos los desafíos que ya se encuentran cerrados. ¡Pasen y vean las cosas geniales que se hicieron en el foro!
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Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Administracion »

DESAFÍO #27:
Las Fiestas

¡Ah, la época de las fiestas! ¿Qué mejor forma de prepararse físicamente para un atracón impresionante y preparar la psique para escuchar a Mariah Carey todo el mes que enfrentando otro desafío de escritura en Beyond Hogwarts?

La propuesta es sencilla: Las Fiestas / The Holidays.

Los invitamos a escribir un texto que esté relacionado con las fiestas varias que se festejan en el mes de diciembre. ¡Ocasiones sobran! Navidad, Año Nuevo, Boxing Day, la primera nevada, Hannukah, reuniones familiares, salidas con amigos a cabañas invernales, Kwanzaa, vacaciones de invierno, descansos en tierras más cálidas... Pasan muchas cosas durante las festividades, y queremos leer todas esas aventuras.

Gracias a la propuesta de Waleska, tenemos un modificador opcional para este desafío: Christmas Movies.
Puedes adaptar tu película de Navidad preferida para la trama de tu historia. ¿Será The Holiday; Love, Actually; A Christmas Miracle o quizás Die Hard? ¡Cualquier película de Navidad es válida! Recuerda especificar qué película ha sido tu inspiración en los comentarios opcionales de tu escrito.

Aquellos que quieran un desafío extra pueden tirar los dados e intentar incorporar una frase de la lista a su historia:

1. ¿Y mi regalo?
2. Llegas tarde.
3. Cociné esto para ti.
4. Creo que ha comenzado a nevar.
5. Ya no creo en milagros navideños.
6. ¿No estás un poco grande para jugar con eso?
7. Hace demasiado frío como para que te vayas ahora.
8. Las fiestas deberías pasarlas en familia.
9. Lo único que quería ya lo tengo.
10. Un año nuevo no significa que algo vaya a cambiar.
11. Si tiene moño es regalo.
12. Más vale que eso sea (____).
13. Si tiene burbujas, emborracha.
14. ¿Nos escapamos?
15. ¡Estabas aquí!
16. Me olvidé el mapa.
17. Tienes las manos frías.
18. No puedo creer que trajiste eso.
19. Eso no era muérdago.
20. Son tres, somos tres...


Los pasos a seguir para participar en este desafío son sencillos:
  1. Vayan al post para disparadores y hagan una tirada de dados en respuesta a ese post (no aquí: aquí van a ir solo los escritos, no las tiradas). Pueden usar únicamente 1d20 o 2d20.
  2. Elijan una o ambas frases de la tirada, tomando en cuenta la lista.
  3. Escriban una historia que contenga la o las frases. La historia podrá ser del largo y la temática que deseen.
  4. Compartan su historia como respuesta a este thread (como siempre), con el siguiente formato:

Código: Seleccionar todo

[b]Título:[/b] 
[b]Tipo:[/b] (Humor, angst, drabble, etc.)
[b]Frase/s disparadora/s:[/b] (opcional)
[b]Personajes:[/b] (opcional)
[b]Cantidad de Palabras:[/b]
[b]Comentarios:[/b] (opcional)
[b]Mis puntos van para la Casa:[/b] 
Tienen hasta el 27 de diciembre para participar, luego tendrán una semana para votar y anunciaremos los ganadores tras el cierre de la votación.

Los premios serán:
1º puesto: 100 puntos para la Copa de las Casas.
2º puesto: 60 puntos para la Copa de las Casas.
3º puesta: 30 puntos para la Copa de las Casas.

Los demás concursantes ganarán 10 puntos para la Casa que indiquen en su post.

Recuerden que todo lo que se escriba en los desafíos es parte de universos alternativos que no afectarán a los personajes del foro.

¡Esperamos leer sus relatos invernales!


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Aurora Kent
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Re: Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Aurora Kent »

Título: Click
Tipo: Drama
Cantidad de Palabras: 1168
Comentarios: Nunca releo lo que escribo y, para colmo, esto fue escrito en un celular que ya tiene casi siete años. Debe haber mil errores, perdón.
Mis puntos van para la Casa: Hufflepuff
Portia despertó con el sonido de la puerta de la habitación de al lado cerrando con un click. Estaba tan alerta como si nunca hubiera conciliado el sueño, por lo que bajó de la cama y caminó sigilosamente hacia la puerta de su habitación. La habitación que seguía siendo suya, aunque hace algunos años que tenía su propio apartamento.
Abrió lentamente su puerta y espió hacia el pasillo. En la oscuridad, y a pesar del paso del tiempo, todavía reconocía perfectamente su silueta. Se alejaba, como siempre.

Portia cerró su puerta con el mismo click que había sonado de la puerta de la habitación de su hermana. Suspiró, frustrada, y se acostó en la cama nuevamente. Cerró los ojos, dio vueltas, se tapó y destapó con el duvet. Miró con desdén el reloj en la mesita de luz: 3:45 de la mañana. Todo esto era culpa de Shannon.



“¡Buenos días!” la voz de Nigel retumbó en el comedor familiar. Él se levantó y abrió los brazos para recibirla con un abrazo, pura sonrisa.

“No sabía que vendrías” dijo Portia, reposando brevemente en los brazos de Nigel hasta que se giró para tomar asiento. El desayuno estaba servido. Sus padres estaban conversando entre sí, el asiento usual de Shannon estaba vacío. A su lado estaba el desayuno a medio comer de Nigel.

“No sabías que vendría tan temprano” corrigió él, insoportablemente animado. “¿Cómo no iba a visitar a mis muchachas favoritas a primera hora el día de Navidad?” preguntó.

“No lo sé” dijo Portia, sintiendo una oleada de amargura inevitable. El desayuno, de repente, no lucía tan delicioso. Observó a Nigel sentarse y agarrar el tenedor.

“¿Shannon sigue durmiendo?” preguntó, mientras se metía un bocado de huevos fritos en la boca.

“Parece que sí” respondió la señora Southcott. Su mirada se posó en Portia. Portia podía sentir la mirada de su madre, aunque intentaba ignorarla mientras pretendía estar muy interesada en la pila de panqueques, tratando de obtener su atención. No tenía que levantar la vista para saber que su padre y Nigel la estaban mirando también.

“Eventualmente va a levantarse y bajar” dijo Nigel con una breve risa, queriendo evitar un gran silencio. “No me molesta esperarla, especialmente con un desayuno así” bromeó.

“Portia” la voz del señor Southcott pareció sacudir el aire mismo. Portia alzó la vista y lo miró. Tragó saliva, no necesitaba decir nada para que ella entendiera lo que quería que hiciera.

“¿No puedo al menos desayunar antes...?” se quejó, y apenas abrió la boca ya se había arrepentido de hablar. Suspiró, cansada.

“Nigel, me alegro que estés aquí. ¿Tu familia no estará molesta de que no pases la mañana con ellos?” preguntó Mrs. Southcott.
Portia se puso de pie y salió del comedor para encaminarse a las escaleras.
Nigel respondió con la boca llena “Nada que no puedan superar. Aparte está el novio de mi hermanita, a quien no soporto, así que...”.



Portia golpeó dos veces la puerta. Se cruzó de brazos, impaciente. Detestaba estar parada ahí en el pasillo. El ventanal daba a la casa de los Solomon, podía ver claramente el humo saliendo por la chimenea.
Volvió a golpear la puerta.

“Merlín, ya escuché” Shannon abrió de repente la puerta, su cabello húmedo goteando sobre la toalla que adornaba su cuello. Y en su cuello Portia notó una marca de amor, un chupetón. Se le revolvió el estómago.

“No puedes bajar así” dijo Portia, entrando a la habitación de su hermana y cerrando la puerta tras ella.

“Claro que no, no pienso bajar en bata y con el cabello mojado”.

“Sabes bien que no es eso a lo que me refiero” dijo Portia amargamente.

Shannon la miró fríamente. “Ah, ¿no?” Alzó las cejas “¿A qué te refieres? Dilo”.

Portia observó a su hermana usar la varita para secarse el cabello. Se onduló las puntas delante del espejo. Shannon miró a Portia en el reflejo.

“¿Y? ¿No viniste a golpear mi puerta toda enojada para decirme algo? No te quedes callada ahora, Portia”.

Portia suspiró, cansada. “No bajes con el cuello así. Sabes que Nigel está esperándote abajo”.

“¿Cómo sabes que Nigel no es el que me dejó esta marquita? Es perfectamente capaz”.

Portia miró con severidad a su hermana mayor.

“Tienes que superarlo” dijo Shannon, sacándose la bata. Portia apartó la mirada hacia la ventana. Detestaba ver desde ahí la casa donde vivían los Solomon. “Nigel era solamente tu amigo, así que no veo cuál es el problema de que estemos juntos. ¿O no puedo?”.

“Claramente puedes” respondió Portia. “Siempre haces lo que quieres”.

“Mira” Shannon tomó un vestido A-line azul de mangas largas del vestidor. “Si hiciera lo que tú quieres no haría nada nunca” pasó los brazos por la tela y se puso el vestido. “¿Por qué no haces algo tú, en vez de venir a reclamar las cosas que hago yo?”.

Portia se acercó a Shannon, que la siguió con la mirada como un águila. Shannon se tensó con la cercanía, Portia colocó sus manos en los hombros de su hermana para hacerla girar y que le diera la espalda.

“No me interesa que salgas con Nigel” Portia le subió el zipper al vestido de Shannon. Se miraron en el reflejo del espejo. “Pero tienes que dejar de jugar con Clifford”.

Shannon pareció sinceramente sorprendida. “¿Qué tiene que ver él con todo esto?”

“Lo vi salir de tu habitación anoche” respondió Portia.

“Merlín, Portia” Shannon se alejó de su hermana y se sentó en el borde de la cama. “¿Todavía estás obsesionada con él?” la miró con lástima. “¿Desde que tenías como ocho años? No es normal”.

“Lo que haces tú no es normal” respondió Portia con odio. “¿Cuánto más vas a jugar con él, eh? Eres cruel”.

“No tienes idea de lo que hablas” Shannon la miró con lástima. “Todos estos años guardándome rencor porque no te ve a ti como me ve a mí. Ve a hacerle esta escenita a Clifford, a ver cómo te va. Es un hombre, Portia, no necesita que intentes defenderlo como si fuera un cachorro abandonado”.

“¿Crees que te estoy diciendo esto por él? ¿O por Nigel, o por quien sea tu próxima pareja?” Portia preguntó. “Te lo estoy diciendo por ti, Shannon. Es por ti”.

“No tengo tiempo ni ganas de ser la audiencia de tu novela, Portia.” Shannon se acomodó el cabello sobre los hombros. Un mechón cubría el chupetón en su cuello. “Para que te quedes tranquila, Clifford puede sobrevivir tranquilamente sin tu ayuda”.

Shannon tomó unos aretes del vanity.

“¿Pero pueden ustedes dos vivir sin el otro?” preguntó Portia.

“¿Qué quieres decir?”.

Portia miró con decepción a su hermana, se dio media vuelta y salió de la habitación de Shannon. La puerta cerró con un click.

Shannon cerró su mano alrededor de los aretes. Por la ventana podía ver la casa donde vivían los padres de Clifford, dentro de la propiedad de los Southcott. Un humo blanco se levantaba por la chimenea hasta desaparecer en el cielo nublado.


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Kinsey Weston
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Re: Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Kinsey Weston »

Título: Hasta las tres
Tipo: ¿? Nadie va a llorar, a menos que sea porque esto es lo que escribo a las 3 am.
Personajes: Nathan Colbert y Kerry Whittaker
Cantidad de Palabras: 665
Comentarios: Así hago realidad cosas que nunca pasaron. Lo siento, Nate.
Mis puntos van para la Casa: Gryffindor, en honor a los personajes.
“¿Podrías, por favor, tratar de no derribar mi árbol antes de que terminemos de decorarlo?”.

“¿O sea que podemos derribarlo después de que terminemos?”.

Kerry lo miró y, para su horror, se dio cuenta de que lo estaba considerando. En serio.

“Era una broma, Kerry. Evidentemente”.

“Ya tendrías que saber que nunca debes proponerme algo que no estés dispuesto a hacer”.

Él agachó la cabeza, en plan derrotado. Ciertamente, ya debería saberlo. Tomó una esfera dorada de la caja semi-vacía y buscó un espacio libre en el pino para cargarla. “¿Me explicas otra vez por qué estamos decorando este departamento para Navidad cuando ni siquiera vas a pasar las fiestas aquí?”.

“Una cosa no tiene nada que ver con la otra, Nate. Además, quiero que vivas la experiencia completa de una Navidad en París, aunque tengamos que adelantarla una semana sólo para ti”.

Nathan la miró con una expresión que Kerry pudo interpretar correctamente sin necesidad de palabras, pero que eligió pretender que no vio. Como siempre. “¿A qué hora tienes que verlo hoy?” preguntó, esforzándose para eliminar cualquier rastro de resentimiento en su voz. Eligió una esfera roja de otra caja.

“A las tres” contestó Kerry, lanzando una mirada rápida al reloj en la pared de su sala. “Así que necesitamos terminar esto en la próxima hora, me gustaría que quede listo porque no sé si mañana tendremos tiempo antes de la ceremonia”.

“¿Ya tienes las maletas hechas?”. Hizo la pregunta pese a que ya sabía la respuesta.

“Por supuesto que no” respondió ella, con una sonrisa orgullosa que indicaba que pensaba que dejar el proceso de empacar hasta el último momento posible era un hilarante motivo para jactarse.

“Te vas a arrepentir cuando estés en… no sé, Italia, y de repente te des cuenta de que olvidaste tus calcetines”.

Kerry soltó una carcajada. “Estoy segura de que venden calcetines en Italia”.

Nathan frunció el ceño, inconforme. Iba a asegurarse de meter al menos 5 pares de calcetines a la maleta sin hacer con la que se había tropezado en el primer minuto después de entrar a ese departamento.

“Ok, ¿terminaste con las esferas? Yo terminé con las luces”.

Nathan colgó de una rama la última esfera plateada y asintió con aprobación. “Terminé” confirmó.

Kerry levantó la mano con la que sostenía su varita, lista para encender oficialmente el árbol. “Lumos” susurró, y los foquitos con los que había rodeado el pino se encendieron a la vez. Soltó una exclamación entusiasta, y Nathan no puedo evitar sentirse contagiado.

“¿No se ve hermoso?”. Kerry se acercó a él para tomarlo del brazo y descansar su cabeza en su hombro.

“Se ve hermoso” admitió Nathan, ladeando la cabeza para posarla contra la de ella.

“Gracias por estar aquí, Nate” soltó en un murmullo.

Nathan tragó saliva con dificultad. “¿Dónde más podría estar?”. La pregunta era retórica.

“De verdad lamento que no podamos pasar Navidad juntos”.

“Lo sé”.

Realmente, realmente apestaba que la orquesta en la que estaba uno de sus antiguos compañeros del conservatorio, un talentoso primer violinista que se estaba creando un nombre entre los círculos correctos, hubiera agendado una gira de conciertos navideños por varias ciudades europeas, y apestaba que él y Kerry estuvieran tan increíblemente sincronizados desde su época de estudiantes que él se rehusaba a tocar en una situación tan importante con cualquier otro pianista.

Pero era una oportunidad increíble para ella, y Nathan nunca había tenido el corazón para negarse a mostrarse comprensivo, incluso cuando sus demandas rebasaban, por mucho, la línea entre lo aceptable y lo egoísta. Prueba de ello es que esta tendría que haber sido la primera Navidad que pasaban juntos. Juntos.

“Prometo que te voy a compensar”.

“¿Ah, sí? ¿Cómo, exactamente? Porque tengo un par de sugerencias…”.

“Pensé que te había quedado claro que no debes proponerme cosas que no estés dispuesto a hacer en serio”.

Nathan sonrió con una expresión que, esta vez, Kerry no pretendió no ver. Menos mal que tenían tiempo hasta las tres.


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Cecile Greengrass
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Mensajes: 652
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Ubicación: Oficina de Ley Mágica Internacional, Ministerio Británico de Magia
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Re: Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Cecile Greengrass »

Título: Coaching Navideño
Tipo: ¿Humor? No sé.
Cantidad de Palabras: 403
Comentarios: Esto es como Die Hard, pongo que es en Navidad y ya vale. Soy mala para los finales, lamento los dolores de ojos de antemano.
Mis puntos van para la Casa: Slytherin, si es que aún tenemos chance.
La mañana de Navidad, Alastair dormía tranquilamente en su cama en Occamy Heights. Había llegado bastante tarde de la casa de sus padres, que si bien le ofrecieron quedarse, él prefería dormir en su departamento y quizá salir más tarde con sus amigos, o quedarse en cama todo el día, depende del nivel de resaca con el que se levante porque ya no tenía dieciocho.

Un ruido lejano lo despertó por un segundo, volviéndose a dormir instantes después; luego el sonido de la puerta de su habitación abriéndose lo volvió a despertar, pero fue una voz la que hizo que abriera los ojos.

"¿Qué demonios haces todavía durmiendo?".

Waleska estaba de pie frente a su cama, vestida con ropa deportiva y sombrero de santa, con las manos cruzadas en el pecho.

"¿Có...cómo entraste?" Preguntó, intentando poner palabras coherentes en su boca. La habitación todavía daba algunas vueltas pero al menos la cabeza no le dolía.

"Por favor" respondió ella, como si esa fuese una buena explicación. "Te estuve esperando diez minutos en la terraza."

"¿Qué? Waleska, tengo resaca, no pienso entrenar la mañana de Navidad." Se agarró el tabique nasal con los dedos, manteniendo los ojos cerrados.

"¡Precisamente! Te has llenado de cerveza, comida y alcohol que hinchan como un pez globo. Tenemos que hacer cardio para bajar esas calorías extras que te has tragado." Alastair no la estaba viendo, pero la imaginó haciendo gesto de pelota.

"No pienso subir, así que sal y nos vemos en dos días." Tomó la almohada que tenía al lado y se tapó la cara con ella.

De repente, sintió un peso sobre sus muslos y una mano le quitó la almohada. Con los ojos entornados vio a Waleska sentada sobre él, y por si fuera poco, le estaba subiendo la camiseta.

"¿Ves esto?" Preguntó señalando su abdomen con unos definidos abdominales. "Yo hice esto, y no pienso dejar que mi trabajo de meses se arruine por tu holgazanería." Se bajó de la cama en un movimiento de pierna. "Te veo arriba" finalizó, saliendo de la habitación.

Alastair soltó un suspiro y se miró el estómago, tocándoselo con una mano.

"Sí que están bien" se dijo, antes de salir rodando de la cama para vestirse, no porque le diera miedo que por un día perdiera los six pack, sino porque no sabía si Waleska iba a llegar con un machete si debía buscarlo una segunda vez.


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Diana Harrington
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Mensajes: 182
Registrado: 20 Ago 2015 21:26
Ubicación: Gryffindor 7mo
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Re: Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Diana Harrington »

Título: Tren de carga
Tipo: ?
Personajes: Mina Hayward, Duke Temple
Cantidad de Palabras: 1098
Comentarios: Lo malo de escribir un pedacito todos los días es que todos los días me olvido de lo que quería decir, y después me pierdo leyendo cosas en Wikipedia, y así quedan mis fics.
Mis puntos van para la Casa: Gryffindor.
La samovar tintineó contra las tazas a medida que el tren se detenía. Mina miró por la ventana pero no veía nada. Allá afuera no había más que oscuridad y nieve.

Se puso de pie en el compartimento, viendo las luces halógenas parpadear brevemente. Abrió la puerta y espió hacia el pasillo, veía en uno de los extremos a un grupo de jóvenes reunidos alrededor de una radio de mano. El silbido del viento que golpeaba las ventanas parecía más potente allí, como desesperado por entrar al tren transiberiano.

Mina cerró la puerta y volvió a tomar asiento. Movió cuidadosamente la tetera para ver hacia la cama donde Duke dormía con la chaqueta puesta y dos frazadas, una expresión agraviada en su rostro. Una fina capa de sudor le cubría la frente alrededor de un paño húmedo, estaba despeinado y tenía las mejillas rojas: por fin le había bajado la fiebre. Mina había cuidado de él desde que se había enfermado, aunque Duke había negado sentirse débil incluso cuando ella lo vio marearse al levantarse del asiento apenas pasaban por Khabarovsk. Eventualmente no pudo ocultar el sudor, los escalofríos, y Mina tuvo que hacerse cargo de él. Una vez más, como siempre.

Estaban demasiado en el medio de la nada como para aparecerse, y no tenía idea de cómo acceder a la red floo si es que los soviéticos tenían algo similar. Duke, pésimo intérprete, al menos había ayudado un poco a navegar el extraño mundo. Ahora Mina solamente dependía de su memoria y del guarda del vagón 7 que entendía algo de inglés.

Faltaba poco, de todos modos: hacía ya cinco días que habían salido de Vladivostok, por lo que estimaban tres días más hasta llegar a Moscú. Si es que no se seguían deteniendo por inconvenientes, claro. La tormenta parecía seguirlos todo el recorrido, con insistentes nevadas y fuertes ráfagas de viento que azotaban al tren mientras se abría paso de este a oeste por la Unión Soviética. Una voz metálica anunció algo que Mina no pudo entender. Hizo su mejor esfuerzo cuando el mensaje fue repetido, concentrándose en escuchar y recordar palabras, pero lo único que había comprendido era “Damas y caballeros”, “tren”, “por favor” y “gracias”. Luego, una voz masculina lejana, hablando en ruso como si diera las noticias.

Acercó su taza a la samovar y se sirvió un poco de té.

“¿Dónde estamos?” la voz ronca y soñolienta de Duke la sobresaltó.

“¡Estás despierto!” exclamó, contenta. Duke se destapó, dejando caer el pañuelo mojado que estaba en su frente sobre sus manos. Hizo un esfuerzo para incorporarse a medias, apoyándose sobre sus codos, mirando a Mina.

“¿Dónde estamos?” volvió a preguntar él, su voz suave.

“No lo sé” admitió ella. “Hace un minuto hicieron un anuncio, llevamos un ratito detenidos” explicó.

Duke entrecerró los ojos para ver por la ventana. Nada, absoluta oscuridad. Solamente la nieve que el viento hacia golpear la ventana se hacía visible. Duke suspiró, dejando el paño húmedo sobre la mesita que lo separaba de Mina.

“Lo siento” dijo en un hilo de voz. Intentó acomodarse el cabello con las manos, pero estaba mojado y pegajoso. Arrugó la nariz y se sentó en la cama. “Arruiné tu viaje y tus fiestas, ¿no?”.

Mina levantó su taza de té para ganar algo de tiempo. Es decir... ¿sí, obviamente? Ayer tendría que haber pasado nochebuena con su familia. Ese día debería haber abierto regalos, visitado amigos, bebido champagne. Estaba en ese tren desde hacía cinco días. No entendía una palabra, no podía siquiera leer los carteles. Hubiera podido regresar en avión con el resto del elenco, en primera clase. Tuvo que cuidar de Duke, que pasó más tiempo knockeado que despierto. Y, cuando estaba despierto, tampoco había sido particularmente apasionante alguien afiebrado y débil. Mina dio un largo sorbo a su té, manteniéndole la mirada a Duke, esperando que se le acabara la paciencia y dejara de mirarla.

“Apesto” dijo Duke en voz baja, bajando el zipper de su chaqueta con cuidado. “Y estoy todo mojado” se quejó.

“¿Te ayudo?” ofreció, sacando la varita del bolsillo de su saco negro. Duke asintió, dejando la chaqueta en el piso. Mina movió la varita, susurrando varios encantamientos para desengrasarle el cabello, secarle el sudor de la ropa, quitar malos olores, limpiar su camiseta... había tenido tiempo de sobra para practicar todos esos encantamientos en él y en ella misma todos estos días. No había duchas en el tren, y no había encantamiento que se comparara a sentir agua fresca y limpia contra su piel enjabonada. Una cosa más para sumar a la lista de sacrificios que hacía por él.

Duke estornudó, cubriéndose el rostro con el interior del codo. Hizo un gesto de dolor, el estornudo era un movimiento demasiado violento para el que no estaba acostumbrado. Le dolía el pecho, como si lo hubieran pateado.

“Vale, de regreso a la cama” demandó Mina.

“Ni siquiera me levanté” reclamó él.

“Qué conveniente, entonces” dijo ella. “Recoge eso del piso” pidió, señalando la chaqueta seca y limpia. Duke obedeció, volviendo a ponerse la chaqueta. Se sentía más confortable, aunque detestaba la sensación de su piel sucia contra la ropa. No quería pensar en ello, no aguantaría el resto del trayecto.

“No quiero volver a dormir, ya me siento mejor”.

Mina lo miró con una ceja en alto. “Puedes quedarte tomando un té conmigo. Pero apenas lo terminas, te acuestas”.

“Okay” aceptó Duke. El compartimento se sacudió brevemente con el reiniciar de la marcha del tren.

“Por fin” dijo Mina en voz baja. El tren comenzó a avanzar nuevamente por el desolado territorio nevado.

“¿Escuchas eso?” preguntó Duke, acostándose. Mina intentó ignorar el ruido metálico de las ruedas sobre las vías, el tintinear de las tazas. “Es el Gimm Sovetskogo Soyuza, el himno” dijo Duke. La música sonaba lejana, reemplazando la voz que había hablado como un noticiero momentos atrás.

“¿Es una costumbre navideña?” preguntó Mina.

“No. Es la despedida” Duke se acomodó, hundiendo su mejilla en la almohada y mirando a su amiga brevemente antes de cerrar los ojos . Extendió su mano para dejarla sobre la mesa, palma arriba. Mina miró la mano de Duke, confundida.

“¿La despedida de qué?” preguntó. Duke no abrió los ojos. “Duke” Mina frunció el entrecejo, claramente lo veía respirar. “¿La despedida de qué?” insistió. "¿No que te sentías mejor y querías tomar el té?".

Duke no respondió, dormido. Mina pensó en lo fácil que sería matarlo y culpar a su fiebre. A tres días de distancia en tren, en el Kremlin, comenzaba a subir la bandera tricolor.


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Iris Rigby
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Re: Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Iris Rigby »

Título: Un regalo para Valentine
Tipo: Humor, espero yo
Personajes: Duke Temple, Waleska Sumpter y Valentine Young (mencionada)
Cantidad de Palabras: 420
Comentarios: Llevo que si un mes escribiendo este fic, ¿mencioné ya que los finales me cuestan? Bueno, eso.
Mis puntos van para la Casa: Slytherin porque la esperanza es lo último que se pierde.
"¿En serio tengo que regalarle algo?" Preguntó Duke.

Waleska y él estaban abrazados frente a la chimenea en Occamy Heights. Valentine estaba de guardia así que aprovechaban para pasar tiempo a solas. Habían terminado de cenar una pasta carbonara recién salida de un sobre que Duke tuvo la amabilidad de no decirle lo horrible que sabía y que la carbonara se hacía con huevo y no crema de leche.

"Claro que sí, vive conmigo y pasará navidades con nosotros" respondió Waleska.

"Pero no la conozco de nada" protestó él.

Waleska puso los ojos en blanco.

"Vienes aquí a cada rato, comemos con ella, siempre está contando algo nuevo de su vida y su trabajo, ¿cómo puedes decir que no la conoces?"

Duke miró hacia la chimenea, evitando la mirada de Waleska porque no quería admitir que la mitad de las veces no escuchaba lo que Valentine decía. No era nada personal, hacía eso todo el tiempo con todo el mundo.

"¿Por qué no solo me dices lo que ella quiere?" Preguntó, resignándose al hecho de que le tendría que comprar algo.

"Así no tiene chiste, tiene que salir de tí, eso lo hará especial" contestó ella con una sonrisa, mientras le acariciaba la parte de atrás de la oreja.

"¿Ella me comprará algo?" Preguntó, porque si él iba a pasar por todo ese estrés, más le valía obtener algo a cambio.

"Ya lo ha comprado, la ayudé yo" respondió ella, arrepintiéndose segundos después.

"¿Por qué la ayudas a ella y a mi no?" Protestó, frunciendo el ceño.

"Porque daba la casualidad que estaba buscando tu regalo cuando ella se apareció, así que lo compramos juntas."

Duke expulsó aire por la nariz, fastidiado de tener que pensar en no solo el regalo de su novia sino de su compañera de piso que ni siquiera le terminaba de agradar.

"Está bien" dijo, mirando a Waleska. Ella sonrió triunfante y le dio un beso suave en los labios. Duke se dejó besar de buena gana y justo cuando ya estaba muy metido en el momento ella se separó.

"Y si metes un par de galeones en un sobre y dices que es su regalo, te los meteré donde mejor te quepan" dijo, volviendo a besarlo como si nada.

Duke le correspondió pero mantuvo los ojos abiertos, preguntándose si hablaba en serio, si se refería a su boca como el lugar donde los metería y cómo se le ocurría que él sería capaz de regalar galeones a Valentine.

Si acaso unos sickles, siendo generoso.


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Albus Dumbledore
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Re: Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Albus Dumbledore »

¡Gracias por participar! Ahora llega el momento de la votación: pueden hacerlo AQUÍ. Elijan sus tres historias favoritas y recuerden que es solamente un voto por player.

La encuesta cerrará el martes 11 de enero a las 23:59 hs. (GMT-5). Los ganadores serán anunciados en este mismo thread.

¡Suerte a todos los participantes y gracias a los que nos ayudan a elegir a los ganadores!


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Re: Desafío #27: Las Fiestas

Mensaje por Administracion »

¡Gracias por participar escribiendo y votando!

Los puestos han estado muy peleados, pero los resultados son los siguientes:

1° PUESTO "Click" de Aurora Kent
2° PUESTO "Tren de carga" de Diana Harrington
3° PUESTO "Hasta las tres" de Kinsey Weston

PUNTOS POR PARTICIPACIÓN:
"Un regalo para Valentine" de Iris Rigby
"Coaching Navideño" de Cecile
Greengrass

¡Esperamos que hayan disfrutado del desafío! No olviden escribirnos con ideas, sugerencias y consejos para futuros desafíos.

EDIT: Puntos agregados a las cuentas especiales:

Puntos para Gryffindor: 90 puntos (60+30)
Puntos para Hufflepuff: 100 puntos
Puntos para Ravenclaw: 0 puntos
Puntos para Slytherin: 20 puntos (10+10)


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