Beyond Hogwarts RPG - Foro de rol Play-By-Post ambientado en el mundo de Harry Potter
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La varita
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Abel Wingsmith
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Abel miraba de lado a lado, tratando de escudriñar con sus ojos uno a uno todos los letreros, personajes y recodos posibles del callejón Diagon. Su madre le apretaba con fuerza la mano. Él claro quería soltarse, pero no se atrevía; sabía lo que esto significaba para su madre y tampoco quería vulnerarla más.
¨No puedo creer que hayamos aceptado esto¨ Mary volteo a mirar al pequeño Abel. Tenía una sonrisa de oreja a oreja, lo cuál era tan poco común que le recordaba una de las razones por las que había cedido afirmativamente ante su solicitud de entrada a Hogwarts. suspiró y sonrío un poco con él. Abel le devolvió la sonrisa.
¨Todo estará bien mamá. Ya verás las cosas que nos esperan! !Dios, mira esto mamá! voy a necesitar una mascota ahora que pasaré tanto tiempo fuera de casa.¨ dijo y la miró de reojo...
¨¡De eso nada! ni en un millón de años Abel Wingsmith ¿dónde crees que pasaría el pobre animal tus vacaciones?. A ver duendecillo, será mejor que nos centremos en las cosas de la lista ¿vale? Sabes que no es fácil ¿vale?¨ dijo y le sonrió. Abel se ensombreció un poco pero forzó un sonrisa que devolverle. No podía permitir que las cosas salieran mal. Éste era el camino a ser quien debía ser y podría hacerlos felices cuando lograra todo lo que tenía planeado. Su madre le palmeó la mano y luego la soltó. Rebuscó en uno de los bolsillos de su abrigo y sacó un conjunto de papeles de pergamino y los extendió emparejándolos. revisó la lista. ¨Una varita mágica...veamos...¨revisó una lista contigua con el nombre de las tiendas apropiadas y un mapa señalado...
¨esta vez en orden, ¿vale? Vamos a Ollivander´s.¨ y recorrieron el callejón buscando la tienda señalada en el mapa. Su madre no era muy buena con los mapas, así que detuvo a un señor algo anciano que cargaba con unas túnicas colgadas del antebrazo para preguntarle por la ubicación de la tienda. El señor exhibió una sonrisa medio mueca pero muy amable y le dió las indicaciones sobre la ubicación de todas las tiendas que debían visitar y dijo algo sobre un camino que no había que seguir y dió algunos apuntes sobre cómo se veía la tienda de Ollivanders. ¨que tengan un buen día¨ dijo el anciano con la voz algo quebrada, como si se le hubiera acabado la excitación proveniente de su labor como guía ¨y bienvenidos¨. El anciano les sonrió y se despidieron, pero Abel notó que al voltear, el anciano tenía una lagrima apunto de saltar a la cenicienta mejilla.
Pensando en el anciano y en el significado de esa lágrima Abel caminó al lado de su madre y se dirigieron por fín hacia la tienda de Ollivanders... ¨quizá el anciano había recordado su primera varita¨ pensó Abel para sí en su inconsciente inocencia, -el día en que comenzaba su propio viaje. ¡Dios, Dios, gracias, no puedo creer que este día haya llegado!- ¨que todo... sea real¨ murmuró.
¨No puedo creer que hayamos aceptado esto¨ Mary volteo a mirar al pequeño Abel. Tenía una sonrisa de oreja a oreja, lo cuál era tan poco común que le recordaba una de las razones por las que había cedido afirmativamente ante su solicitud de entrada a Hogwarts. suspiró y sonrío un poco con él. Abel le devolvió la sonrisa.
¨Todo estará bien mamá. Ya verás las cosas que nos esperan! !Dios, mira esto mamá! voy a necesitar una mascota ahora que pasaré tanto tiempo fuera de casa.¨ dijo y la miró de reojo...
¨¡De eso nada! ni en un millón de años Abel Wingsmith ¿dónde crees que pasaría el pobre animal tus vacaciones?. A ver duendecillo, será mejor que nos centremos en las cosas de la lista ¿vale? Sabes que no es fácil ¿vale?¨ dijo y le sonrió. Abel se ensombreció un poco pero forzó un sonrisa que devolverle. No podía permitir que las cosas salieran mal. Éste era el camino a ser quien debía ser y podría hacerlos felices cuando lograra todo lo que tenía planeado. Su madre le palmeó la mano y luego la soltó. Rebuscó en uno de los bolsillos de su abrigo y sacó un conjunto de papeles de pergamino y los extendió emparejándolos. revisó la lista. ¨Una varita mágica...veamos...¨revisó una lista contigua con el nombre de las tiendas apropiadas y un mapa señalado...
¨esta vez en orden, ¿vale? Vamos a Ollivander´s.¨ y recorrieron el callejón buscando la tienda señalada en el mapa. Su madre no era muy buena con los mapas, así que detuvo a un señor algo anciano que cargaba con unas túnicas colgadas del antebrazo para preguntarle por la ubicación de la tienda. El señor exhibió una sonrisa medio mueca pero muy amable y le dió las indicaciones sobre la ubicación de todas las tiendas que debían visitar y dijo algo sobre un camino que no había que seguir y dió algunos apuntes sobre cómo se veía la tienda de Ollivanders. ¨que tengan un buen día¨ dijo el anciano con la voz algo quebrada, como si se le hubiera acabado la excitación proveniente de su labor como guía ¨y bienvenidos¨. El anciano les sonrió y se despidieron, pero Abel notó que al voltear, el anciano tenía una lagrima apunto de saltar a la cenicienta mejilla.
Pensando en el anciano y en el significado de esa lágrima Abel caminó al lado de su madre y se dirigieron por fín hacia la tienda de Ollivanders... ¨quizá el anciano había recordado su primera varita¨ pensó Abel para sí en su inconsciente inocencia, -el día en que comenzaba su propio viaje. ¡Dios, Dios, gracias, no puedo creer que este día haya llegado!- ¨que todo... sea real¨ murmuró.
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Abel Wingsmith
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¨Bueno muchacho, adelante.¨ le dijo Mary Anne señalando la puerta.
El muchacho tomó la manija de la puerta, y suspirando abrió la puerta con reverencia. Una campanilla sonó sobre su cabeza.
Dentro de la tienda ya había otras dos personas. Abel saludó: ¨Buenas. Disculpen¨, le abrió espacio a su madre que entró con un ¨buenos días¨ y se hicieron a un lado de la puerta esperando a que el encargado se desocupara.
Al otro lado de la vitrina un anciano con el pelo blanco y los ojos grises y penetrantes los miraba por sobre sus lentes y de este lado se encontraban una mujer y una niña como de la edad de Abel. Él miró a la niña y se quedó un rato con los ojos fijos en ella. Tenía unos rizos dorados muy bonitos y un aire mágico en su porte. Sacudió un poco la cabeza y trató de inspeccionar la tienda con la mirada.
El muchacho tomó la manija de la puerta, y suspirando abrió la puerta con reverencia. Una campanilla sonó sobre su cabeza.
Dentro de la tienda ya había otras dos personas. Abel saludó: ¨Buenas. Disculpen¨, le abrió espacio a su madre que entró con un ¨buenos días¨ y se hicieron a un lado de la puerta esperando a que el encargado se desocupara.
Al otro lado de la vitrina un anciano con el pelo blanco y los ojos grises y penetrantes los miraba por sobre sus lentes y de este lado se encontraban una mujer y una niña como de la edad de Abel. Él miró a la niña y se quedó un rato con los ojos fijos en ella. Tenía unos rizos dorados muy bonitos y un aire mágico en su porte. Sacudió un poco la cabeza y trató de inspeccionar la tienda con la mirada.
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Abel Wingsmith
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Abel se acercó a la vitrina, quería ver lo que había al otro lado. Todo eran estanterías de madera repletas de pequeñas cajas hasta el techo. No había nada que delatara que aquella era realmente una tienda fuera de lo común, al menos no más que cualquier tienda de un hombre ya mayor y sin muchas ganas de limpiarle el polvo a su mercancía.
¨debimos haber averiguado que varita te convenía comprar para este año, espero que el encargado nos pueda ayudar¨ su madre se había acercado a él y se había inclinado para hablarle... ahora se enderezaba y entre abría los labios -oh no!- Abel sabía lo que seguía.
Ella no iba a esperar al encargado ni se iba a quedar quieta. Iba a ir directo donde estaba la otra madre para que ella en calidad de cómplice maternal le asesorara en su iniciación como madre de un 'niño mágico'; y si las cosas salían bien y la señora era amable, estaría constantemente molestandola para averiguar todo cuanto más pudiera en el futuro. !ah no! no lo podía permitir.
Abel trato de girar y de agarrarle la solapa del abrigo a su madre pero la tela se le escapó del agarré. Ella ya daba vuelta sobre sus tobillos y daba el primer de los tres pasos que la distanciaban de la madre y su hija.
¨Disculpe¨ dijo Mary Anne con las manos colgadas del bolso.
Abel estaba frío y quedó congelado con la mano a medio estirar y los ojos abiertos como los de una lechuza bien centrados en la niña y preparado a medias para lo peor. -¡DIOS ME AMPARE!-
¨debimos haber averiguado que varita te convenía comprar para este año, espero que el encargado nos pueda ayudar¨ su madre se había acercado a él y se había inclinado para hablarle... ahora se enderezaba y entre abría los labios -oh no!- Abel sabía lo que seguía.
Ella no iba a esperar al encargado ni se iba a quedar quieta. Iba a ir directo donde estaba la otra madre para que ella en calidad de cómplice maternal le asesorara en su iniciación como madre de un 'niño mágico'; y si las cosas salían bien y la señora era amable, estaría constantemente molestandola para averiguar todo cuanto más pudiera en el futuro. !ah no! no lo podía permitir.
Abel trato de girar y de agarrarle la solapa del abrigo a su madre pero la tela se le escapó del agarré. Ella ya daba vuelta sobre sus tobillos y daba el primer de los tres pasos que la distanciaban de la madre y su hija.
¨Disculpe¨ dijo Mary Anne con las manos colgadas del bolso.
Abel estaba frío y quedó congelado con la mano a medio estirar y los ojos abiertos como los de una lechuza bien centrados en la niña y preparado a medias para lo peor. -¡DIOS ME AMPARE!-

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Abel Wingsmith
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Abel vió que la niña le sonreía y sintió que sus pomulos se encogían de nervios. Abel le lanzó una sonrisa tímida y nerviosa. Se encogió de hombros y meneó un poco la cabeza queriendo decir que lo disculpara por lo que iba a ocurrir.
¨Buenas, buenas preciosa. Señora, ¿Cómo está?, mi nombre es Mary Anne Wingsmith. Mi hijo Abel¨ dijo ella señalando al pequeño que se acercaba con el rostro pálido y las manos en los bolsillos ¨entrará este año al colegio y verá, no acaté en pedir una asesoría para los implementos, no sabría que varita comprar ¿Podría darme alguna recomendación?¨
Abel llegó mirándose los zapatos y luego levantó tímidamente la mirada preguntándose si la niña aún le miraba.
¨Buenas, buenas preciosa. Señora, ¿Cómo está?, mi nombre es Mary Anne Wingsmith. Mi hijo Abel¨ dijo ella señalando al pequeño que se acercaba con el rostro pálido y las manos en los bolsillos ¨entrará este año al colegio y verá, no acaté en pedir una asesoría para los implementos, no sabría que varita comprar ¿Podría darme alguna recomendación?¨
Abel llegó mirándose los zapatos y luego levantó tímidamente la mirada preguntándose si la niña aún le miraba.

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Abel Wingsmith
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Mary Anne dió un paso atrás aferrada de las tiras de su bolso. No sabía que pensar, primero renacieron sus temores porque todo aquello fuera cosa del diablo y luego sintió que no, que quizá hasta solo se trataba de trucos inocentes, como cambiarle el color a las cosas... Trató de ponerse a punto y confiar en lo que el destino y de seguro Dios les presentaba ante sus ojos. Se retubo de quitarle la varita a Abel y dejar que él la cogiera.
Abel cogió la caja con las dos manos y suspiró. Luego retubo la respiración, destapo la caja y puso la tapa sobre el mostrador. La varita era algo corta y de una madera clara y pulida, con líneas onduladas grabadas e el mango.
Abel la detalló un momento, Controlo cada respiro y trató de sacar la varita con la mano derecha con tanta delicadeza como le era posible. Al tocarla sintió cierto cosquilleo en los dedos y cerró los ojos. trataba de sentir todo lo que pudiera... de saludar la varita con su pensamiento y de escuchar su voz... sentía cierto zumbido en el oído.
Abrió puso la varita en la caja y las sostuvo nuevamente con ambas manos. ¨Usted es Ollivander, ¿verdad?¨ ¨Garrick Ollivander, sí¨ ¨vale... Señor Ollivander, esta es una varita muy bonita. Me gustaría preguntarle... es que a ella le dijo que le cambiaría la varita porque se parecía más a su padre que a su madre, como si la decisión de ofrecerle esa varita hubiera dependido de ese pensamiento... ¿cómo supo que esta es mi varita?¡Ah! y disculpe, pero aún no sé hacer nada con ella. Nos abría como podría causar o evitar una explosión en su tienda...¨
Su madre lo miraba con los ojos bien abiertos.
Abel cogió la caja con las dos manos y suspiró. Luego retubo la respiración, destapo la caja y puso la tapa sobre el mostrador. La varita era algo corta y de una madera clara y pulida, con líneas onduladas grabadas e el mango.
Abel la detalló un momento, Controlo cada respiro y trató de sacar la varita con la mano derecha con tanta delicadeza como le era posible. Al tocarla sintió cierto cosquilleo en los dedos y cerró los ojos. trataba de sentir todo lo que pudiera... de saludar la varita con su pensamiento y de escuchar su voz... sentía cierto zumbido en el oído.
Abrió puso la varita en la caja y las sostuvo nuevamente con ambas manos. ¨Usted es Ollivander, ¿verdad?¨ ¨Garrick Ollivander, sí¨ ¨vale... Señor Ollivander, esta es una varita muy bonita. Me gustaría preguntarle... es que a ella le dijo que le cambiaría la varita porque se parecía más a su padre que a su madre, como si la decisión de ofrecerle esa varita hubiera dependido de ese pensamiento... ¿cómo supo que esta es mi varita?¡Ah! y disculpe, pero aún no sé hacer nada con ella. Nos abría como podría causar o evitar una explosión en su tienda...¨
Su madre lo miraba con los ojos bien abiertos.
Última edición por Abel Wingsmith el 29 Ago 2013 14:59, editado 1 vez en total.

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Abel Wingsmith
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Lo de bonito había sido un mero adjetivo porque no tenía como más referirse a la varita, le parecía una buena barita desde su percepción inconsciente, pero no podía especificar absoolutamente nada más, no aún. No le gustaba que la gente le entendiera mal o incompletas las ideas. La chica parecía amable y para nada corta de entendimiento, así que de seguro había sido su culpa que no se entendiera y se molestó consigo mismo por ello.
Todos explicaban una cosa y la otra, Abel trataba de seguir lo que cada uno decía y entenderlo por completo. no había respondido con precisión a su pregunta pero ya le habían quitado la varita -así que es cuestión de intuición-... muchas cosas pasaron por la cabeza de Abel. Algunas aclaraciones para hacerle a todo el mundo que no considero pertinentes y luego llegó el miedo...
Abel en ocasiones era extremadamente racional, en otras parecía según muchos, demasiado supersticioso. El señor Ollivander no le conocía y había muchas varitas en los enormes estantes que se extendían por esos oscuros pasillos. Incontabvles, y cualquiera podía ser su verdadera compañera. -¿será que el señor Ollivander tiene dones de adivino, o lee la mente, o el alma? pero... se equivocó antes ¿no?... así que sus preocupaciones no eran infundadas!
Abel tomó temeroso la caja, pero pensó que el señor Ollivander debía tener mucha experiencia en el asunto, que era una especie de sabio en el asunto, así que su intuición... quizá si le conociera más... era una lastima... -la varita escoge al mago- recordó Abel. Y el destino... -esto hace parte del azar ¿no? ¿qué tanto puedo hacer yo para cambiar esto? osea, no es mi responsabilidad directa de actuar, debo estar bien dispuesto para que el azar-... Abel tomó la caja con confianza -La varita escoje al mago-
Quizó preguntar muchas cosas, entender cada detalle pero decidió callarse y concentrarse en el momento y la varita. No quería imponerle un juicio inconsciente e ingenuo a un asunto tan importante. Trató de concentrarse mientras tomaba la varita y escuchar. adentro apenas sentía un susurro en sus oídos pero se sentía a gusto. miró Ollivander... ¨solo... la agito verdad?¨ y luego a la niña.
Todos explicaban una cosa y la otra, Abel trataba de seguir lo que cada uno decía y entenderlo por completo. no había respondido con precisión a su pregunta pero ya le habían quitado la varita -así que es cuestión de intuición-... muchas cosas pasaron por la cabeza de Abel. Algunas aclaraciones para hacerle a todo el mundo que no considero pertinentes y luego llegó el miedo...
Abel en ocasiones era extremadamente racional, en otras parecía según muchos, demasiado supersticioso. El señor Ollivander no le conocía y había muchas varitas en los enormes estantes que se extendían por esos oscuros pasillos. Incontabvles, y cualquiera podía ser su verdadera compañera. -¿será que el señor Ollivander tiene dones de adivino, o lee la mente, o el alma? pero... se equivocó antes ¿no?... así que sus preocupaciones no eran infundadas!
Abel tomó temeroso la caja, pero pensó que el señor Ollivander debía tener mucha experiencia en el asunto, que era una especie de sabio en el asunto, así que su intuición... quizá si le conociera más... era una lastima... -la varita escoge al mago- recordó Abel. Y el destino... -esto hace parte del azar ¿no? ¿qué tanto puedo hacer yo para cambiar esto? osea, no es mi responsabilidad directa de actuar, debo estar bien dispuesto para que el azar-... Abel tomó la caja con confianza -La varita escoje al mago-
Quizó preguntar muchas cosas, entender cada detalle pero decidió callarse y concentrarse en el momento y la varita. No quería imponerle un juicio inconsciente e ingenuo a un asunto tan importante. Trató de concentrarse mientras tomaba la varita y escuchar. adentro apenas sentía un susurro en sus oídos pero se sentía a gusto. miró Ollivander... ¨solo... la agito verdad?¨ y luego a la niña.
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Abel Wingsmith
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Abel pensó en hacia donde apuntar su varita por si funcionaba eso de agitarla... la meció en su mano y la dirigió concentrándose en la campanilla de entrada... la varita despidió una luz carmesí apagada y sonó una especie de chasquido de metal y la campanilla repiqueteó como loca en su punto. Abel miró expectante al señor Ollivander.
Su madre estaba tratando de no intervenir, mordiéndose la comisura del labio y aferrada de las tiras de su bolso.
Su madre estaba tratando de no intervenir, mordiéndose la comisura del labio y aferrada de las tiras de su bolso.

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Abel Wingsmith
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Al escuchar cómo se reventaba el jarrón, Mary Anne se llevó una mano a la boca y se estremeció desde la punta de los pies hasta el extremo de sus cabellos castaños. Fué un segundo y nadie pareció notarlo. Mandó una mano a buscar el hombro de Abel y la otra a buscar un rosario que guardaba en su bolsillo. no podía hablar, quería salir de allí y llevarse a Abel, podía no estar bien después de todo, podía ser peligroso todo esto...
al apretar el rosario y ver la luz en los ojos de su hijo se obligó a calmarse y entonces si pensó y quizó decirlo... -¿y ahora qué?¿estallaría jarrones por toda la casa, haría destrozos haciendo volar relleno de pastel por todo lo alto y ancho de la cocina?- cuando vió que todos los demás estaban tan calmados se obligó a sí misma a tranquilizarse.
Abel que había estado mirando a la niña, bastante sorprendido y emocionado, voltió a mirar a su madre cuando sintió que le rozaba el hombro. le sonrió y le apretó un momento la mano par tranquilizarla. Ella le sonrió de vuelta.
El señor Ollivander regresó de los estantes y Abel se pegó un poco más al mostrador, impaciente.
Cuando les extendió las nuevas varitas, Abel cogió la suya. La veía bastante grande... unas ¿12, quizá trece pulgadas?; de una madera algo tozca, clara y algo flexible, aunque parecía rígida cuando solo la mirabas, y tenía hermosos grabados en las puntas del mango que se iban suavizando hasta desaparecer en una corta extensión de la madera a medio pulir.
Inmediatamente la cogió sintió como los dedos se le apretaban al mango. la sintió fría en la mano y sintió que el corazón se le encogía y se le aceleraba al tiempo. Era como si le quemara dulcemente la palma... la varita despendrío una luz violeta que inundó el lugar y se desvaneció en azul justo en la punta Abel cerró los ojos y trató de disimular una sonrisa. Era un momento solemne, sintió que en su palma tenía un pedazo de su destino y un cómplice para sus sueños. Abrió los ojos y miró a los ojos de Ollivander, implorante -tenía que ser esa ¿no?-
al apretar el rosario y ver la luz en los ojos de su hijo se obligó a calmarse y entonces si pensó y quizó decirlo... -¿y ahora qué?¿estallaría jarrones por toda la casa, haría destrozos haciendo volar relleno de pastel por todo lo alto y ancho de la cocina?- cuando vió que todos los demás estaban tan calmados se obligó a sí misma a tranquilizarse.
Abel que había estado mirando a la niña, bastante sorprendido y emocionado, voltió a mirar a su madre cuando sintió que le rozaba el hombro. le sonrió y le apretó un momento la mano par tranquilizarla. Ella le sonrió de vuelta.
El señor Ollivander regresó de los estantes y Abel se pegó un poco más al mostrador, impaciente.
Cuando les extendió las nuevas varitas, Abel cogió la suya. La veía bastante grande... unas ¿12, quizá trece pulgadas?; de una madera algo tozca, clara y algo flexible, aunque parecía rígida cuando solo la mirabas, y tenía hermosos grabados en las puntas del mango que se iban suavizando hasta desaparecer en una corta extensión de la madera a medio pulir.
Inmediatamente la cogió sintió como los dedos se le apretaban al mango. la sintió fría en la mano y sintió que el corazón se le encogía y se le aceleraba al tiempo. Era como si le quemara dulcemente la palma... la varita despendrío una luz violeta que inundó el lugar y se desvaneció en azul justo en la punta Abel cerró los ojos y trató de disimular una sonrisa. Era un momento solemne, sintió que en su palma tenía un pedazo de su destino y un cómplice para sus sueños. Abrió los ojos y miró a los ojos de Ollivander, implorante -tenía que ser esa ¿no?-

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Abel no pudo evitar sonreirle ampliamente. En verdad era una criatura hermosa. Quería felicitarla... si ella había sentido lo mismo que él, el momento era importante. Eso de encontrar un compañero así no se ve todos los días; pero le parecía demasiado, o sabía bien que decir así que se limitó a sonreirle intentando desde el silencio transmitirle todo lo que pensaba.
Su madre se acercó a él y le puso la mano en l a cabeza ¨felicitaciones , hijo¨ella sabía que era importante. Se sonrieron. ¨Gracias mamᨠle susurró.
miró a la niña nuevamente. La varita era hermosa, ah! pero no iba a decirlo así, sí, sí, era hermosa en muchos sentidos, para él decirlo así no significaba solo un apunte sobre los tallados o los demás detalles, nisiquiera sobre la bella luz que había despedido, para él era un asunto de que el mundo contenía maravillas que justificaban las cosas malas, que la belleza estaba en todo aquello que hacía retroceder al mal... pero no iba a sonar simple esta vez, no quería que lo vieran así, ni el señor Ollivanders... y mucho menos ella. Era alguien verdaderamente especial...
¨es una varita verdaderamente especial¨ dijo...
-por todos los santos Abel!´muy especial, muy especial!´¡¿eres idiota?!
Su madre se acercó a él y le puso la mano en l a cabeza ¨felicitaciones , hijo¨ella sabía que era importante. Se sonrieron. ¨Gracias mamᨠle susurró.
miró a la niña nuevamente. La varita era hermosa, ah! pero no iba a decirlo así, sí, sí, era hermosa en muchos sentidos, para él decirlo así no significaba solo un apunte sobre los tallados o los demás detalles, nisiquiera sobre la bella luz que había despedido, para él era un asunto de que el mundo contenía maravillas que justificaban las cosas malas, que la belleza estaba en todo aquello que hacía retroceder al mal... pero no iba a sonar simple esta vez, no quería que lo vieran así, ni el señor Ollivanders... y mucho menos ella. Era alguien verdaderamente especial...
¨es una varita verdaderamente especial¨ dijo...
-por todos los santos Abel!´muy especial, muy especial!´¡¿eres idiota?!

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¨Muchas gracias señor Olllivander.¨ le dijo Abel asido a su varita.
Mary Anne se acercó al mostrador rebuscando en su bolso. sacó un monedero de cuero y los destapo mirando las monedas que tan extrañas le resultaban, nadando junto a las otras. Se sentía en el extrangero... pero estaba en Londres, y ese no era otro pais, era otro mundo. Por Dios que lo era...¨¿Cuánto sería, señor?¨
Mary Anne se acercó al mostrador rebuscando en su bolso. sacó un monedero de cuero y los destapo mirando las monedas que tan extrañas le resultaban, nadando junto a las otras. Se sentía en el extrangero... pero estaba en Londres, y ese no era otro pais, era otro mundo. Por Dios que lo era...¨¿Cuánto sería, señor?¨

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Abel Wingsmith
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Abel sostenía la varita con ambas manos.
¨Bueno, quizá sí... la tuya es muy especial. Quiero decir...¨ Miraba a la niña directamente a los ojos, buscando, buscando, siempre buscaba, rara vez sabía en palabras qué, pero buscaba. ¨cada varita es única, y también lo es cada gota de agua, pero no todas hacen las mismas figuras en la ventana ni brillan tanto cuando las alumbras¨Abel con las manos metidas en el bolsillo se estrechó entre brazo y brazo ¨esthe... creo que si un hada ve tu varita, te reconocerᨠpara él tenía sentido, o algo parecido al sentido... bueno sentido sí, todo; lo que no sabía era qué tanta coherencia.
¨Bueno, quizá sí... la tuya es muy especial. Quiero decir...¨ Miraba a la niña directamente a los ojos, buscando, buscando, siempre buscaba, rara vez sabía en palabras qué, pero buscaba. ¨cada varita es única, y también lo es cada gota de agua, pero no todas hacen las mismas figuras en la ventana ni brillan tanto cuando las alumbras¨Abel con las manos metidas en el bolsillo se estrechó entre brazo y brazo ¨esthe... creo que si un hada ve tu varita, te reconocerᨠpara él tenía sentido, o algo parecido al sentido... bueno sentido sí, todo; lo que no sabía era qué tanta coherencia.

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¨Bueno, quizá sí... la tuya es muy especial. Quiero decir...¨ Miraba a la niña directamente a los ojos, buscando, buscando, siempre buscaba, rara vez sabía en palabras qué, pero buscaba. ¨cada varita es única, y también lo es cada gota de agua, pero no todas hacen las mismas figuras en la ventana ni brillan tanto cuando las alumbras¨Abel con las manos metidas en el bolsillo se estrechó entre brazo y brazo ¨esthe... creo que si un hada ve tu varita, te reconocerᨠpara él tenía sentido, o algo parecido al sentido... bueno sentido sí, todo; lo que no sabía era qué tanta coherencia.
¨Bueno, quizá sí... la tuya es muy especial. Quiero decir...¨ Miraba a la niña directamente a los ojos, buscando, buscando, siempre buscaba, rara vez sabía en palabras qué, pero buscaba. ¨cada varita es única, y también lo es cada gota de agua, pero no todas hacen las mismas figuras en la ventana ni brillan tanto cuando las alumbras¨Abel con las manos metidas en el bolsillo se estrechó entre brazo y brazo ¨esthe... creo que si un hada ve tu varita, te reconocerᨠpara él tenía sentido, o algo parecido al sentido... bueno sentido sí, todo; lo que no sabía era qué tanta coherencia.

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Abel devolvió la mano a su respectivo bolsillo. -no mágicas... bueno, esthe... si hay personas muy poco agraciadas ciertamente, que no tienen mucho sentido de nada. Ni de el deber, ni de la decencia, ni sentido común....no mágicas, creo... que es un grupo un poco más... selecto- ¨no mágicas¨ la miró. Veía un rostro de toda la situación que no había visto hasta ahora:
Niños que habían crecido con una varita como él con un esfero. Niños que no estudiaban los animales de la granja en clase de biología, sino que estudiaban desde primer año sobre gnomos, salamandras, ondinas y silfos. Niños que habían echo parte de un mundo que para él eran puras esperanzas...
se le borró la sonrisa del rostro. Personas mágicas que habitaban, padecían y gozaban un mundo mágico. Un mundo al que él no pertenecía, al parecer. -¿que no todo hace parte de lo mismo que no es el mismo mundo?
Abel estaba allí parado en silencio, tratando de asimilar todo lo que ocurría y buscando la manera de resolverlo. Las cosas no podían estar mal, pero necesitaba entenderlas, siempre necesitaba entennderlas, una vez tuviera un por qué o un para qué, por más duro que fuera todo estaría en orden, o algo así. Pero él estaría listo, dispuesto para loq ue viniera siempre que tubiera sentido y todo lo tenía, lo ha tenido siempre ¿no?
miró su boca, examinó su sonrisa, trató de repasar el recuerdo del timbre de su voz... volvióa sus ojos. No se comportaba como alguién realmente prepotente... tenía algo, cierta seguridad, quizá parecida a la que él pudiera tener, pero no pisoteaba a los demás... y tenía unos ojos redondos y hermosos. Sí eran ojos brillantes y tristes. Ella no quería decir nada malo... solo que dolía. Lo tenía que resolver rápido. Tenía que entenderlo.
¨veo¨ cerró los ojos un momento y sonrió, luego volvió a buscar sus ojos. -Creo que tengo mucho que saber antes que nada quizá...- ¨tú... vives en medio de todo esto verdad? digo, a diario...¨ y lo recordó, esa también era su primera varita... bueno, la primera suya suya según había dicho, aunque quizá ya hubiera prácticado con la de uno de sus padres o de sus hermaos.
Niños que habían crecido con una varita como él con un esfero. Niños que no estudiaban los animales de la granja en clase de biología, sino que estudiaban desde primer año sobre gnomos, salamandras, ondinas y silfos. Niños que habían echo parte de un mundo que para él eran puras esperanzas...
se le borró la sonrisa del rostro. Personas mágicas que habitaban, padecían y gozaban un mundo mágico. Un mundo al que él no pertenecía, al parecer. -¿que no todo hace parte de lo mismo que no es el mismo mundo?
Abel estaba allí parado en silencio, tratando de asimilar todo lo que ocurría y buscando la manera de resolverlo. Las cosas no podían estar mal, pero necesitaba entenderlas, siempre necesitaba entennderlas, una vez tuviera un por qué o un para qué, por más duro que fuera todo estaría en orden, o algo así. Pero él estaría listo, dispuesto para loq ue viniera siempre que tubiera sentido y todo lo tenía, lo ha tenido siempre ¿no?
miró su boca, examinó su sonrisa, trató de repasar el recuerdo del timbre de su voz... volvióa sus ojos. No se comportaba como alguién realmente prepotente... tenía algo, cierta seguridad, quizá parecida a la que él pudiera tener, pero no pisoteaba a los demás... y tenía unos ojos redondos y hermosos. Sí eran ojos brillantes y tristes. Ella no quería decir nada malo... solo que dolía. Lo tenía que resolver rápido. Tenía que entenderlo.
¨veo¨ cerró los ojos un momento y sonrió, luego volvió a buscar sus ojos. -Creo que tengo mucho que saber antes que nada quizá...- ¨tú... vives en medio de todo esto verdad? digo, a diario...¨ y lo recordó, esa también era su primera varita... bueno, la primera suya suya según había dicho, aunque quizá ya hubiera prácticado con la de uno de sus padres o de sus hermaos.

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Abel Wingsmith
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Abel se sonrió. Si algo le gustaba era tener con quién hablar, aprender cosas nuevas, explicar y enseñar todo lo que se le ocurría y discutir amplia y detalladamente sobre cada cosa que se asomaba por los temas de conversación.
¨Eso sería excelente, me haría muy feliz que pudieramos compartir conocimietos e impresiones... mmm, pero una cosa, si muggle significa no mágico ¿no te parece que es una palabra incompleta?, es decir, deben llamar muggle hasta a los contadores de historias, y eso me parece injusto.¨
Abel la miró expectante.
¨Eso sería excelente, me haría muy feliz que pudieramos compartir conocimietos e impresiones... mmm, pero una cosa, si muggle significa no mágico ¿no te parece que es una palabra incompleta?, es decir, deben llamar muggle hasta a los contadores de historias, y eso me parece injusto.¨
Abel la miró expectante.
