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Desafío #18 Vidas Alternativas

Aquí guardaremos todos los desafíos que ya se encuentran cerrados. ¡Pasen y vean las cosas geniales que se hicieron en el foro!
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Desafío #18 Vidas Alternativas

Mensaje por Administracion »

DESAFÍO #18: Vidas Alternativas
Imagen ¡Extrañábamos los desafíos! ¿Ustedes no?

En esta ocasión el tema del desafío son vidas alternativas. Deben escribir una historia utilizando a algún personaje del RPG, pero con una desviación de su realidad, ¡o varias!
¿Quizás sus padres tuvieron una exitosa empresa en vez de una granja? ¿Tal vez su primo con el que se lleva sospechosamente bien ya no es su primo pero esa química se mantiene? ¿Quedó en Hufflepuff en vez de en Slytherin? ¡Lo que se les ocurra!

Pueden aplicar este tema a un texto de cualquier género y formato. Son libres de participar tantas veces como deseen, con la misma cuenta de personaje o distintas.

Dejen su historia como respuesta a este post inicial con el siguiente formato al inicio:

Código: Seleccionar todo

[b]Título:[/b] 
[b]Tipo:[/b] (Humor, Angst, drabble, etc.)
[b]Personajes:[/b]
[b]Cantidad de Palabras:[/b]
[b]Comentarios:[/b] (opcional)

¡Esperamos leerlos! Tienen dos semanas para participar, y luego una semana para votar a sus favoritos.


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Winston Harrington
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Re: Desafío #18 Vidas Alternativas

Mensaje por Winston Harrington »

Título: Signos
Tipo: ¿Humor? No sé, no es muy gracioso.
Personajes: Portia Southcott, Ceri Bellamy. Un poquito de Sam McClain y Maggie Grimbale por ahí.
Cantidad de Palabras: 1269
Comentarios: Hace mucho tiempo hubo un desafío sobre el horóscopo y había escrito algo súper OOC sobre Portia y Ceri. No sé dónde habrá quedado eso, así que decidí mezclar una vida alternativa con lo del horóscopo de la otra vez.
  • "Chicos, por Merlín" dijo Trelawney, haciendo palmas a destiempo en un intento de callar a la clase de quinto año. Sentados en los almohadones estaban los alumnos de Slytherin y Gryffindor, charlando entre sí e ignorando a la profesora desde que la clase había comenzado.

    De repente, una de las bolas de cristal rodó por el piso mientras dos chicas estallaban a carcajadas. Trelawney parecía a punto de llorar, así que levantó la bola de cristal y la dejó sobre la mesita de las chicas, pasándose una manga de la túnica por el rostro. Se llevó la punta de la varita al cuello y, en vez de hacer lo que todos sospechaban que haría en algún punto de su vida cuando se diera cuenta que era un fraude, amplificó su voz.

    "¡Se terminó! Se levanta UN alumno de casa mesa y se pasa a la de atrás. Los de atrás vienen adelante." alejó la varita de su garganta. "Yo los dejé trabajar en parejas porque me dijeron que así se organizaban mejor, pero veo que me mintieron. Si no trabajan en silencio el resto de la clase, los repruebo por el resto del año ¡y no exagero! ¡Miren que tengo a Mercurio en retroceso, eh!" amenazó, aunque nadie entendió los detalles.

    La clase se calmó un poco, especialmente porque la mayoría tomaba Adivinación para tener una nota fácil y sumar un OWL sin demasiado esfuerzo. Comenzaron a cambiar de lugar, mientras Portia se quedaba en su mesa usual, junto a la ventana de la primera fila. Alguien se sentó junto a ella, dejándose caer sobre el mullido almohadón. Ceri Bellamy. Portia nunca se había llevado muy bien que digamos con la Slytherin, especialmente porque les había tocado un año particularmente escandaloso ese año y se había creado mucha enemistad entre mujeres de distintas casas. Los profesores siempre comentaban, clase tras clase, que hacía décadas que no veían un grupo de alumnos tan inquietos y molestos como ellos. Portia no se lo tomaba personal, y hasta les daba un poco la razón.

    “Bueh, ¿qué hay que hacer?” preguntó Ceri, mirándose las uñas.

    “No dijo” respondió Portia. “Creo que los que no terminaron sus predicciones tendrían que hacerlas hoy” alzó los hombros.

    “Ah” alzó la vista para ver a su nueva compañera de Adivinación. “¿Tú qué eras?” preguntó, sacando el libro del bolso.

    “¿Cómo que qué era?” devolvió Portia, confundida.

    “De signo del zodíaco” aclaró Ceri, su libro de Adivinación estaba hecho pedazos, como si alguien hubiera querido separar la espina del libro en secciones.

    “Soy de Virgo.” respondió. “Soy. No me morí”.

    “Bueno, pero me entendiste” respondió Ceri mientras agarraba una de las secciones del libro, separada del resto de forma poco natural, mientras pasaba las páginas. “Virgo, la virgen” dijo tentativamente, esperando escuchar algún sonido por parte de Portia, pero no escuchó nada.

    “La tarea de predicción no tenía nada que ver con el zodíaco” informó Portia, viendo confundida el comienzo del capítulo sobre Virgo que ya había curioseado antes.

    “Es que de eso se trataba mi predicción, de que iba a tener que conocer en profundidad una Virgo. Lo escribí como chiste” Ceri alzó la mirada para ver a Portia y sonreírle “pero ya que estamos...”.

    La Gryffindor se sintió un poco incómoda, mientras la chica leía en voz alta palabras clave. Aprovechó a alejar la mirada de ella y el libro para ver una de las cortinas traslúcidas que intentaban separar el despacho de Trelawney del salón de clase, aunque era difícil bloquear las palabras.

    “Perfeccionista... intensa... disciplinada, crítica... tímida. ¿Suena como a ti, Southcott?” preguntó Ceri, mirándola.

    “¿De verdad crees que todos los que nacimos de finales de agosto a principios de septiembre somos iguales?”

    “No, por eso te pregunto si alguna de estas características suena como a ti”. Portia podía sentir la mirada de Ceri sobre ella, pero no alejó la vista de las cortinas, notando lo difícil que era darse cuenta si la profesora seguía en el salón o no. “¿Hola?” insistió la Slytherin.

    “No creo en el zodíaco” respondió por fin Portia.

    “No te pregunté eso” insitió.

    “...No lo sé. Puede ser.” dijo cortante la Gryffindor, por fin mirando a su interlocutora.

    “Wow, una respuesta muy Virgo” Ceri se rió. “Yo también soy intensa, ¿sabías?” agregó, pasando las páginas. “Escorpio” se detuvo, señalando con el dedo la palabra 'intensos'.

    “Vaya, tenemos mucho en común” replicó Portia con sarcasmo.

    “Puede ser” se burló Ceri antes de leer en voz alta otra vez. “Algún que otro gusto en común tenemos, ¿no?”

    Ceri señaló con el dedo pulgar sobre su hombro. Portia siguió la mirada para notar que, en la mesa de la derecha de la segunda fila, estaban Sam y Maggie. Se arrepintió de inmediado de haberlos visto: él tenía el rostro hundido en el cuello de ella, simulando estar susurrándole algo al oído. Sin embargo la sospechosa pose y la ausencia de las manos de ambos sobre la mesa que parecía moverse más de lo normal hacían sencillo el imaginar qué estaba pasando.

    “Merlín, estamos en clase” dijo Portia, arrugando la nariz.

    “No hay caldero que no revuelva este chico, ¿no?” dijo Ceri, sin dejar de mirarlos. “Quizás por eso nos gusta” agregó.

    “A mí nadie me revuelve el caldero” dijo severamente. “Y no me gusta Sam”.

    “Ah, ¿no?” preguntó Ceri, por fin dejando de ver a Maggie y Sam. “¿No lo habías invitado al baile, y él te rechazó porque iba con Maggie?”.

    “Eso es un rumor infundado. Jamás lo invité al baile, ni siquiera fui. No invité a nadie” Portia estaba sintiéndose cada vez más incómoda, por lo que miró hacia la cortina una vez más, esperando que Trelawney decidiera regresar a dar el resto de la clase.

    “¿Segura? Porque me dijeron que...”

    “Segura” interrumpió Portia. “¿Te vas a callar? Realmente no tengo ganas de hablar de esto”.

    “Yo sí lo invité al baile” dijo Ceri. Portia bufó, molesta con no poder terminar la conversación. ¿Sería demasiado arriesgado levantarse e irse? Siempre podría fingir que le dolía el estómago e ir a acostarse en la Enfermería hasta el almuerzo. Ceri siguió hablando como si nada. “Me dijo que Maggie lo había invitado primero, que iba a tratar de safarse de la obligación” Ceri cerró el libro de Adivinación y apoyó los codos sobre la portada. “Chapamos como media hora en el patio, pero a mí tampoco me revolvió el caldero. ¿Ves que sí tenemos cosas en común?”

    Portia se quedó callada, y Ceri también. El ruido de sus compañeros, las risas y las conversaciones de fondo se mezclaban de forma molesta. Casi que le parecía escuchar los susurros de Sam en el oído de Maggie, los ruiditos femeninos e irritantes de su compañera de cuarto. Tal vez era su imaginación. Casi que extrañaba escuchar el parloteo incesante de Ceri.

    “Me enteré en la puerta del Gran Salón que al final no le había cancelado la cita a Maggie. ¿Sabes lo humillante que fue? Tuve que pretender que estaba esperando a alguien más, pero no creo haber sido muy convincente” Ceri suspiró.

    “¿Por qué me estás contando esto?” preguntó Portia.

    “No sé” dijo Ceri, mirando una vez más sobre su hombro. Maggie estaba sonrojada y seguramente le quedaría un chupón en el cuello, Sam no paraba de morderse el labio inferior. “Creo que en otra vida podríamos haber sido buenas amigas” la Slytherin la miró. Portia sonrió brevemente antes de alejar la vista otra vez.

    Lo dudaba mucho.


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Diana Harrington
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Re: Desafío #18 Vidas Alternativas

Mensaje por Diana Harrington »

Título: La soga al cuello
Tipo: ¿Sabían que odio poner todos estos datos? No sé. ¿Angst?
Personajes: Thomas Bhaer, Diana Harrington, Michael Llewellyn
Cantidad de Palabras: 1042
Comentarios: El tren no funciona + paro de subtes = escribir cosas en viajes eternos en colectivo y no poder postearlos desde el celular porque no cargué crédito.
  • Thomas sentía que el cuello de la camisa se le estaba clavando en la piel. Se quitó la corbata, pero eso no parecía ayudar en nada. Cada vez que tragaba saliva, cada vez que respiraba, sentía que alguien lo estaba ahorcando.

    "¿Te podés quedar quieto?" preguntó Diana, acomodándose su largo cabello negro para que no se le enganchara en el cierre del vestido.

    "Estoy incómodo" respondió él, desabotonándose el cuello.

    "Yo también" le dijo ella, señalando con un gesto de la mano el intrincado vestido de cuello alto en el que estaba metida. "Son solamente un par de horas, Tom" intentó consolarlo.

    Thomas la miró, forzó una breve sonrisa, y volvió a enseriarse mientras tomaba asiento en un sillón. El hogar de los Harrington lo intimidaba. Los Harrington mismos lo intimidaban. Hacer una fiesta de compromiso le parecía una idea estúpida e innecesaria, pero Diana había insistido en que era algo casi obligatorio.

    También le parecía estúpido que la gente estuviera ya celebrando, sin ellos, tras las puertas que daban al salón de estar. La música, el ruido de los invitados, y el incómodo sillón del foyer le parecían innecesarios.

    Diana dejó de arreglarse frente al espejo y lo miró consternada.

    "¿Tan molesto te pone esto?" preguntó con un tono de decepción.

    "No" fue su respuesta automática. Cada vez que le parecía que ella se percataba de lo que realmente sentía tenía que negarlo. Y luego asegurarla con que era otra cosa. "Sabes que no me gustan las fiestas. Ni esta ropa incómoda. Ni..." quiso continuar, pero el rostro de Diana le indicó que quizás era momento de callarse.

    Ella no le quitó la mirada de encima, como desafiándolo a que terminara de hablar. Él le sostuvo la mirada, esperando que ella se rindiera, como siempre lo hacía. Estaba seguro de que Diana no pensaba que él pudiera decirle algo con malicia. Y era cierto que no buscaba lastimarla con sus palabras.

    Diana finalmente cedió. "¿Por qué no vas a dar una vuelta? Así te puedes distender un poco. No creo que nos hagan pasar todavía" propuso.

    Thomas se puso de pie, tratando de ocultar el alivio inmediato que le causaba esa sugerencia. "Ya vengo" dijo caminando hacia la pesada puerta de algarrobo para salir a los terrenos. Cerró la puerta tras de sí sin esperar respuesta.

    El color azul oscuro del cielo le indicaba que se había perdido de ver el atardecer no hace mucho tiempo. Comenzaba a hacer frío, y caminó por el breve empedrado para alejarse de la casa unos metros. Tomó aire profundamente y miró hacia atrás. En uno de los ventanales del salón vio un rostro familiar, e hizo un gesto con la mano. Más que un saludo era un llamado. La persona se alejó del ventanal y desapareció de vista.

    Thomas caminó unos metros más, rodeando la casa. Escuchó que la puerta se abría y cerraba en la distancia, y esperó.

    "¿Qué hacés con la corbata colgando del cuello? No me digas que la ibas a usar para colgarte" la voz de Michael interrumpió el silencio.

    "No digas tonterías" pidió Thomas.

    "No sé cómo es que Diana no te deja" sonrió brevemente. "No estés nervioso, es un ratito nada más".

    "Eso mismo dijo ella" respondió Thomas sin pensar.

    "Ah, ¿nos estás comparando ya? Muy mal" se quejó Michael. "Dame esa corbata, caray" pidió, pero antes de que Thomas pudiera mover las manos, él ya se la había quitado de un tirón. "¿Doble Windsor?" preguntó.

    Thomas asintió. Observó a Michael colocarse la corbata alrededor del cuello, por encima de la que ya llevaba puesta, para comenzar a hacer el nudo. Lo observó trabajar en silencio, pasando la tela de cashmere gris por entre los dedos.

    "No sé si quiero hacer esto" susurró Thomas.

    Michael levantó la vista, frunciendo el entrecejo. Lo miraba con una severidad a la que Thomas no estaba acostumbrado. Se sintió regañado por la mirada intensa del galés. El nudo doble Windsor descansaba contra la nuez de Adán de Michael.

    "Todos tenemos que hacer cosas que no queremos para poder sobrevivir" respondió Michael con severidad, aflojando la corbata para quitársela sin deshacer el nudo.

    "Lo sé" respondió en un susurro. "Me siento mal por ella. Por toda su familia" agregó.

    "¿Y por nosotros quién se siente mal?" preguntó Michael. Sus ojos parecían tan fríos a veces. Algo había cambiado en él, parecía mucho más decidido y hasta cruel cuando lo miraba así. "Tenemos que cuidarnos nosotros, sino nadie lo hará" se quitó la segunda corbata.

    Thomas dobló las rodillas mientras se abotonaba el cuello de la camisa. Michael le pasó la corbata por la cabeza con cuidado, tratando de no despeinarlo, hasta haber rodeado su cuello. Thomas se enderezó, y la mirada intensa de Michael parecía atravesarlo como una lanza. Bajó las manos y dejó que le arreglara el cuello de la camisa, que colocara bien la corbata, que pusiera un dedo entre el botón y su nuez de Adán para comprobar que de verdad no lo ahogaba la ropa.

    Le gustaba el silencio. No era el tipo de persona que sentía la necesidad de llenar cada pausa con palabras, intentando resucitar desesperadamente la conversación. Diana era así, no siempre, pero cuando estaban en compañía ella no parecía poder evitar que su miedo al silencio se hiciera evidente. Pero había algo en los silencios de Michael, especialmente sabiendo todo lo que estaban haciendo mal, que lo ponían incómodo.

    "Ya está" avisó Michael, observando con complacencia la corbata y dándole una palmadita en el pecho. "Diría que regreses antes de que Diana mande a alguien a buscarte" sugirió.

    "Cierto" dijo, como si se hubiera olvidado de lo que tenía que hacer ese día.

    Michael se puso de puntas de pie, le agarró la cara y lo besó en los labios. Thomas inmediatamente cerró los ojos, devolviéndole el beso. De repente sintió sus labios fríos, sus mejillas abandonadas del calor de sus manos. De haber sido por él, ese beso hubiera sido eterno.

    "Sé que quedamos en no hacer esto hoy, pero se me escapó" dijo Michael, cruzándose de brazos como para resistir los impulsos de forma más sencilla. "Ve" le pidió. Thomas volvió a sentir que la corbata era una soga atada a su cuello.


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Eren Morikawa
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Re: Desafío #18 Vidas Alternativas

Mensaje por Eren Morikawa »

Título: Sobreviviente
Tipo: Angst, supongo.
Personajes: Eren Morikawa, Taly Weiss y menciones a otros.
Cantidad de Palabras: 1.666
Comentarios: Esto pasa cuando en la cabeza solo tenés lugar para una realidad alternativa.

  • Eren salió de la Enfermería con el hombro izquierdo inmovilizado y el brazo pegado al cuerpo. Ya era la tercera vez que tenía que llevarlo así. La primera había sido cuando lo habían encontrado caminando por las calles de Hogsmeade, con ese hombro dislocado, la muñeca derecha quebrada y un corte en la pierna que todavía sangraba. La segunda había sido cuando el novio de Margaery lo había empujado por las escaleras del primer piso. Y ésta, la tercera, había sido un regalo de bienvenida de algunos Gryffindor que lo culpaban por la desaparición de Emilie.

    Eren había sufrido mucho en el pasado por su falta de autoestima, pero había mejorado muchísimo en su relación con los demás. Había tres personas en especial que lo habían ayudado a ser más sociable. Dos de ellas casi no le dirigían la palabra desde que había vuelto al castillo. La tercera estaba desaparecida, o al menos eso decían los profesores y los Aurores. Porque Eren estaba casi seguro de que Gen no volvería. Y por eso dejaba que los alumnos descargaran en él toda su furia e impotencia. Él también creía que todo era su culpa.

    Los profesores se compadecían de él y trataban de ayudarlo a tener una vida de alumno lo más normal posible, pero su falta de memoria sobre la desaparición de los otros siete alumnos no lo ayudaba en absoluto. El alumnado parecía dividirse en tres: los que lo consideraban un sobreviviente y lo trataban como a un héroe; los que lo consideraban un cobarde y lo acusaban de dejar que siete alumnos murieran en su lugar; y los que se mantenían al margen.

    Taly se encontraba en el tercer grupo. A pesar de haber sido una de las tres personas importantes en su vida de alumno, ya no le hablaba. Si lo veía por los pasillos, lo esquivaba sin saludarlo. Si Eren se sentaba junto a ella en clase, Taly pedía salir de allí con alguna excusa y no volvía a entrar al aula. Royce también había dejado de hablarle, pero Royce era una persona tan diferente a él que su abandono no le había dolido tanto como el de Taly. Ella sabía muy bien lo que dolía sentirse aislado. ¿Por qué lo alejaba de su vida? ¿Qué había hecho él para merecer eso? Nada. Solamente había sobrevivido a algo que casi lo había matado.
    * * * "¿Tanto odias que esté vivo?" leyó Taly en el pedacito de pergamino que Eren le había puesto delante. Él se había sentado de nuevo junto a ella y Taly había sentido deseos de huir de esa clase también, pero estaba a punto de desaprobarla por ausencias. Así que se había quedado y ahora lamentaba su decisión. ¿Por qué él no podía hacer como que ella no existía? Luego de pensarlo un momento, Taly se armó de valor y le contestó, acercándole el pergamino de lado y sin mirarlo.

    "No te odio. Perdón."

    "¿Entonces por qué no me hablas más?"

    "Porque me siento incómoda, perdón."

    "Deja de pedir perdón. ¿Tienes miedo de los demás?"

    "Un poco. ¿En serio perdiste la memoria?"

    "Sí" contestó él. Estuvo a punto de agregar algo más, pero decidió apostar por la amistad y esperar a que ella se interesase un poco en él con alguna pregunta más. Le pasó el pergamino antes de arrepentirse. ¿Y si ella no le escribía más? Eren pensó que, si pasaba eso, al menos habrían interactuado un poco. Y que alguna piedra de la muralla que los separaba se habría caído, por más que la interacción quizás terminase ahí. Y casi lo hizo, pero Taly escribió algo más en el pergamino y se lo devolvió.

    "¿Ya te sientes mejor?"

    "Depende, a veces se me sale el hombro. Creo que ya me quedó arruinado."

    "Yo no estoy de acuerdo con ellos" respondió ella, haciendo mención al grupo de alumnos que le hacía la vida imposible.

    "¿No me echas la culpa, entonces? Eso es bueno."

    "¿Es bueno? Pero tampoco te estuve hablando."

    "Pero al menos no me odias. Ya con eso estoy contento."

    "No te odio. Solo... No sé. No quiero meterme en algo así."

    "Te entiendo. Taly... ¿Podemos vernos?"

    A Taly el solo hecho de leer su nombre escrito por él le generó mariposas en el estómago. ¿Tantas cosas estaba escondiéndose a sí misma con respecto a él? No era enamoramiento (ella creía que eso se sentiría diferente), pero que él quisiera verla y se preocupase por la amistad la emocionaba demasiado. Quizás había esperado ser menos importante en la vida del Hufflepuff de lo que él era en la de ella. Su pedido había terminado de tirar la muralla que Taly había construido cuando Eren había vuelto al castillo.

    "Pero no aquí... ¿Hogsmeade?" preguntó ella.

    A Eren le generó un escalofrío el solo pensar en ir a Hogsmeade de nuevo, pero sabía que tendría que volver a hacerlo algún día, así que dejó el miedo a un lado y respondió:

    "¿Este domingo está bien? A la vuelta de Las Tres Escobas."

    "Estaré allí a las 11" respondió ella, bajando la cabeza para disimular el color que se había apoderado de sus mejillas. No se hablaron el resto de la clase, pero al menos volvieron a disfrutar de esos silencios cómodos que tenían antes.
    * * * Eren ya estaba en la esquina elegida cuando ella llegó al lugar. Los alumnos no solían pasar por allí porque en esas calles no había nada divertido para hacer. Con suerte nadie los molestaría. Y además, si no los veían, nadie molestaría luego a Taly por juntarse con él.

    "Hola" saludó ella mientras se acercaba.

    "Hola Taly. Gracias por venir" le respondió él, con una sonrisa algo tensa.

    "No iba a dejarte plantado" respondió ella. El día estaba helado y las palabras le salían con nubecitas de vapor incluídas. Eso no le gustaba: que una nube de vapor salido de ella se acercase a otra persona le parecía igual a haberles respirado encima. Y eso era demasiado intrusivo e íntimo, así que se levantó la bufanda hasta la nariz y continuó hablando así. "¿Esperaste mucho?"

    "Como dos meses" bromeó él, aunque a Taly le pareció una broma que gritaba dolor y no risas. Sí, ella lo había esquivado por ese tiempo, pero se suponía que él la entendía, ¿no?

    "Por eso te pedía perdón el otro día. Perdón. De nuevo" dijo ella, bajando la cabeza y evaluando qué tan malo para su supuesta amistad sería que ella se escapara de nuevo. Muy malo, decidió. Así que levantó la vista en el momento en que él le decía que no se disculpe más, y se encontró con una paleta de caramelo delante de los ojos.

    "Una ofrenda de paz" dijo él, algo sonrojado. La paleta era de las clásicas paletas blancas y rojas, enormes. Algo que jamás comería él mismo, por la sensibilidad de su estómago, pero que estaba seguro que a ella le gustaría. "Aunque es algo extraño..." agregó.

    "Gracias... ¿Extraño? ¿La paleta o qué cosa?" preguntó ella, tomándola con la mano con la que no se sostenía la bufanda.

    "Es que desde que volví tengo estos momentos. No lo sé... Me olvido las cosas. Creo que tendría que decírselo a Madame Pomfrey"

    "Deberías hacerlo" dijo ella, preocupada. "¿Y si es algo que te quedó mal curado, como el hombro?"

    "Puede ser. Quizás tendría que ir al San Mungo para que me revisen. Mis padres me pidieron que deje el colegio este año, pero yo no quise. Quizás debería hacerles caso" dijo él, algo apenado.

    "Disculpa que no haya estado cerca todo este tiempo, Eren. Pero voy a estar contigo de ahora en más, ¿ok? Así que si te tienes que atender en donde sea, yo te voy a ir a visitar" le aseguró Taly, sonriéndole y olvidándose de taparse la boca con la bufanda por un momento.

    Eren le devolvió la sonrisa. Se veía un poco más animado que antes, aunque las ojeras y la delgadez de su rostro dejaban bien claro que estaba lejos de volver a la normalidad aún.

    "¿Y qué tiene que ver lo del olvido con la paleta?" continuó ella al sentirse más libre de hablar. "¿Te olvidaste de cuándo la compraste?" bromeó.

    "Algo así" dijo él, mirando el suelo.

    "¿Cómo que algo así? ¿Estás seguro de que es para mí?" Taly sintió ganas de revolearla lejos. ¿Y si la paleta no era para ella sino para alguna de las chicas que lo seguían por los pasillos como si fuese un héroe? Eso sería muy vergonzoso para ella.

    "No lo sé. Solo tenía esa en la mano... ¡Y había pensado en comprarte algo!" agregó rápido, para que ella no pensara mal de él. "Pero recién se me vino a la mente que compré muchas más" ¿Como cuántas había comprado? Eren trató de acordarse, pero solo se le venía a la mente una imagen de su mano llena de paletas.

    "No sé si la quiero, Eren" dijo Taly.

    Eren no le prestaba atención. Había cerrado los ojos para volver a traer a su mente la imagen de su mano con todas las paletas. La cabeza comenzó a latirle de una forma terrible, pero él a esta altura ya se había acostumbrado al dolor, así que continuó indagando en su mente hasta visualizarla bien.

    "Eren... ¿Estás bien?" agregó ella, preocupada.

    Él no abrió los ojos ni le respondió. Había logrado atrapar ese recuerdo y no lo soltaría hasta no entender mejor lo sucedido. Estaba usando toda su fuerza mental para aquello y los oídos le estaban comenzando a zumbar, pero continuó enfocándose en el recuerdo hasta que pudo contar las paletas que llevaba en la mano. Una, dos, tres... Cuatro, cinco, seis, siete... Ocho. Ocho paletas. Eren abrió los ojos al tiempo que estiraba el brazo sano hacia adelante, dando un manotazo para hacer que Taly soltara esa paleta, sin importarle si en el proceso la golpeaba.

    Pero su mano no tocó nada. Taly ya no estaba allí.


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Ben Donovan
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Re: Desafío #18 Vidas Alternativas

Mensaje por Ben Donovan »

Título: Nací paleontólogo, no me hice.
Tipo: Ponele que humor... ¿Hay una categoría que sea tipo "chacota"?
Personajes: Ben Donovan, sus padres, y su hermano Max.Porque bienvenidos a esta etapa egoísta de mi vida donde me voy a enfocar a escribir siempre sobre mis personajes y no desvivirme por los de los demás.
Cantidad de Palabras: 305 según un word counter online.
Comentarios: Pucha que es difícil armar esto desde el celular en un bondi...
  • "Mamá, papá..." dijo Ben. Alrededor de la mesa familiar levantaron la mirada hacia él, que se había puesto de pie. Todos menos su hermano mayor, que seguía con la vista en la ensalada. Total él no había sido incluido en el comienzo del discurso.
    "Quiero ser paleontólogo" declaró.

    Sus padres se miraron, confundidos, mientras Ben los miraba intensamente como esperando alguna reacción. Max estiró el brazo para servirse otra porción de carne asada.

    "¿Paleontólogo?" dijo la señora Donovan. No se había creado un clima de silencio porque Max no había dejado de comer como si nada, pero los otros tres estaban tensos.

    "No sé qué es eso" dijo el padre, como pidiendo explicaciones.

    "Es estudiar fósiles" respondió Ben. "Huesos antiguos" intentó simplificar, ante la mirada de sus padres.

    "No entiendo, ¿para qué?"

    "¿Cómo para qué?" dijo Ben, todavía sin tomar asiento. Sus manos estaban firmemente aferradas al borde de la mesa. "Para vivir. O sea, no es para vivir pero quiero decir que es lo que quiero hacer para ganarme la vida" explicó.

    La señora Donovan, sin mover la cabeza, miró a su marido de reojo. El hombre no pareció notarlo, con el entrecejo fruncido en pura incomprensión mientras trataba de leer en el rostro de su hijo menor, el literal Benjamin, qué demonios estaba queriendo decirles.

    "...Bueno" dijo finalmente. Su mujer devolvió la vista a Ben también, asintiendo aunque no sabía bien por qué.

    "¿Bueno?" preguntó Ben, relajando los hombros.

    "Sí, bueno" repitió su padre. Max se servía agua en su copa.

    Ben se sentó a la mesa y, habiendo mirado a sus padres una última vez por si de repente cambiaban de opinión, volvió a agarrar su tenedor para continuar comiendo.

    "A mí me gusta la pija" dijo Max a su hermano, con la boca llena de comida "y no me ves anunciándolo".


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June Underwood
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Re: Desafío #18 Vidas Alternativas

Mensaje por June Underwood »

Título: Te hago boleta
Tipo: ¿General?
Personajes: Melwyn Blackwood
Cantidad de Palabras: 886 palabras, según el contador online.
Comentarios: Sé que debo posts de hace mucho con Melwyn y por eso no lo posteo con ella, creo que sería como más ofensivo aún. Perdón.

  • Melwyn miró su boleto de tren cinco veces. Estaba segura de haberse parado en la parte correcta de la plataforma que decía Vagón 5 - Asientos 125 al 150. Su boleto decía claramente Vagón 5, Asiento 138. Ella sabía que era un asiento que daba al pasillo. El problema era que en el asiento 138 había una joven pareja.

    Tomó aire y se detuvo en el pasillo, mirando su boleto por sexta vez, luego miró el número sobre los asientos, y finalmente miró al joven sentado en su lugar. Esperaba que él, o la joven que estaba con él, se dieran cuenta que ella estaba ahí por algo. Que ese algo era reclamar su lugar, otorgado por la Scottish Citylink por un boleto de 18 libras esterlinas en ventanilla.

    Ya que nadie la miró, aflojó la garganta que siempre tensaba sin darse cuenta mientras pensaba exactamente qué decir. Las opciones eran 'disculpen', 'perdón', o solamente un 'um'. Por más que eran dos jóvenes, quizás hasta más jóvenes que ella, Melwyn se sentía más cómoda con algo más formal.

    "Disculpen" inició. Sintió varias miradas sobre sí pero no se dejó apabullar. "Creo que el 138 es mi asiento" les enseñó su boleto, el dedo índice sutilmente señalando esos tres números.

    El joven miró a la chica a su lado, en un gesto que Melwyn no pudo ver. Fue la chica la que habló.

    "¿No podés sentarte en otro lado? Hay asientos libres" dijo.

    Melwyn se mantuvo callada mientras pensaba que esa respuesta se aplicaba a ellos. Ellos eran los que querían sentarse en asientos que no les correspondían, ¿por qué tenía Melwyn que hacerle lo mismo a alguien más? Los odió en ese momento.

    Ya no la miraban, asumiendo que Melwyn se iría. Las puertas del tren se cerraron y empezó a moverse lentamente. El tren, no Melwyn.

    "Mi asiento es el 138" insistió. Tenía un pequeño bolso de viaje que comenzaba a pesarle, así que lo colocó en el guardabolsos sobre los asientos 138 y 139. "Hay asientos libres si no se quieren sentar donde les corresponde" dijo en voz más alta, alentada por la cabeza de una señora mayor que se asomó desde el asiento 144.

    "Ah, pará, ¿quién sos? Andá a sentarte, ¿querés, payasa?" habló finalmente el joven.

    Melwyn alzó las cejas. Los escuchó burlarse de su cabello, que decían que parecía una peluca de payaso, y de su insistencia en que se movieran de asiento pero con voz gangosa. La señora del 144 dejó de mirar.

    El tren ya había salido por completo de la estación y se dirigía con velocidad por el puente norte.

    "¿Podrías salir de mi asiento?" insistió Melwyn.

    "No" dijo el joven, poniéndose de pie. Probablemente no había calculado que Melwyn fuese tan alta. Quizás el joven hubiera tenido chance si ella no hubiera tenido puestas unas botas con un pequeño taco, pero no era el caso: los ojos de él se alinearon con los de ella. "¿Te podés ir? ¿O te hago ir?".

    Melwyn aflojó la expresión de su rostro. Ni enojada, ni confundida, ni asustada. Escuchó que una de las puertas del vagón se abría, y supo que no tenía mucho tiempo antes de que la señora del 144 regresara al vagón 5 con el guarda.

    "A ver, haceme ir" invitó mientras guardaba las manos en los bolsillos. Esos bolsillos increíblemente más grandes de lo que parecían, donde pudo agarrar y sostener su varita.

    El joven la empujó hacia un lado, metió las manos en el guardabolsos y arrojó las cosas de Melwyn al suelo. Los que no estaban mirándolos estaban sin duda escuchando. Todos contaban en que la señora del 144 volvería con el guarda, o con que Melwyn se daría por vencida y tomaría algún otro asiento. El viaje de St. Pancras hasta Edimburgo era largo y solamente había un par de paradas. Algunos la resentían a ella por atraparlos en el vagón 5 con esa situación incómoda.

    La chica que acompañaba al joven la miró con sorna. Melwyn aprovechó su jean roto para apuntar con la varita hacia la chica, pegando sus pies al suelo con un Colloshoo. Apuntó hacia él y efectuó un Mimblewimble.

    Juntó sus cosas del suelo y caminó en dirección a una de las salidas del vagón, viendo a la distancia a la señora del 144 y el guardia caminar en su dirección.

    "Ahí..." empezó el joven con aire triunfante, pero nada más salió de su boca. "¿Qué?" dijo, llevándose una mano a la boca y tomando asiento. Cada vez que quería hablar sobre Melwyn, su lengua se pegaba al paladar.

    La pelirroja salió del vagón y, a mitad del pasillo del vagón 4, la señora del 144 y el guarda la miraron con preocupación.

    "¿Estás bien, querida?" preguntó la señora.

    "Sí, pero creo que sería mejor cambiar de asiento" respondió amablemente Melwyn. Le enseñó su boleto al guarda.

    "Lamento mucho lo ocurrido, ¿puedo ofrecerles un par de asientos en primera clase?" dijo el hombre. "Tenemos tres lugares disponibles" revisó una pequeña libreta que llevaba en el bolsillo del saco "15, 21 y 28. Están invitadas a tomar el que gusten".

    "Muchas gracias" dijo Melwyn, ignorando la conmoción que comenzaba a formarse en el vagón 5. "Tomaré el 28" informó con una sonrisa, comenzando a caminar hacia el vagón 1.


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Re: Desafío #18 Vidas Alternativas

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Imagen ¡Gracias por participar! Ahora llega el momento de la votación: pueden hacerlo aquí. Deben votar sus tres historias favoritas, recuerden que es solamente un voto por player.

La encuesta cerrará el lunes 4 de junio a las 23:59 hs. de Argentina (GMT-3). Tienen una semana para votar. Los ganadores serán anunciados el martes 5 de junio en este mismo thread.

A tener en cuenta: de ahora en más todos los desafíos y concursos, nuevos y viejos, estarán juntos en un nuevo sub-foro llamado Desafíos de Escritura y Arte. Así podrán disfrutar de todos los desafíos en un solo lugar.

¡Mucha suerte a todos!


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Re: Desafío #18 Vidas Alternativas

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¡Han llegado los resultados! Nuestros elfos domésticos utilizaron muchos ábacos y pidieron prestados dedos para contar, algunos lo tomaron literal y la pobre Madame Pomfrey está muy atareada con esto de la reinserción de extremidades.
Imagen ¡El primer puesto es para Eren, con su relato titulado "Sobreviviente"! Felicitaciones, te daríamos la mano pero... tu historia nos hizo más cuidadosos con lo que tocamos.
Eren Morikawa se lleva 1 cromo de oro.

El segundo puesto se lo lleva Ben, con "Nací paleontólogo, no me hice". ¡Invítanos a tu fiesta de graduación!
Ben Donovan se lleva 5 cromos de plata.

Finalmente, el tercer puesto fue un empate entre "La Cita" de Dolovo y "La soga al cuello" de Diana. ¡Excelente trabajo a ambos, voy a borrar mi perfil de Tinder!
Dolovo Kirchberg y Diana Harrington se llevan 3 cromos de plata cada uno.

Winston Harrington y June Underwood se llevan 1 cromo de plata cada uno.

Muchas gracias a todos por participar, votando y escribiendo. ¡Esperamos poder leerlos en el próximo desafío!


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Cerrado

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