Porque en el mundo real, él seguía siendo él y ella seguía siendo ella, sólo que justo ahora no estaban en el mundo real sino en uno paralelo, lejos de todo lo complicado de ser adolescente o, como es en el caso de ella, lo difícil que es querer a un amigo que no te puede querer de vuelta.
Decir que había mejorado era muy poco considerando sus comienzos, y fue más que todo por la poca colaboración que mostró al principio. Demasiadas órdenes, demasiadas exigencias Fletwock. Pero Frankie siempre quería más. Le gustaba como se sentía estar sobre un caballo, le gustaba poder controlarlo aunque fuese de mentiras. Roan le enseñó a montar con Aloisia que básicamente la manejaba a ella. Hacía falta muy poco para poder montar con ella y al principio Frankie pensaba que era porque le entendía lo que decía, '¡Párate!', '¡Baja!', '¡Más rápido!', porque eso de silbar o chasquear la lengua no le salía muy bien. A Frankie le cuesta montones hacer varias cosas a la vez, casi como a un chico, pero había aprendido bien durante esas semanas. Roan era un buen maestro, aunque le haga trenzar su cabello y la obligue a usar ropas que le quedaban un poco pequeñas y le marcaban en los costados de las caderas. Como si le hicieran falta más rollitos.
Sus más grandes fallas estaban en el bajar y el virado hacia la izquierda. De haber tenido otro caballo seguro se habría quedado en los cielos hasta que el animal quisiera bajar, pero Aloisia la entendía muy bien. Frankie quería creer que la yegua le había agarrado cariño, sólo para sentirse querida como tanto le hacía falta. Roan, por su parte, le había agarrado simpatía y Frankie lo percibía. En el mundo paralelo era mutuo, en el mundo real, al que todavía no se quiere enfrentar, todavía nada era certero.
Frankie hizo que Aloisia girara hacia la izquierda sin querer cuando logró atrapar la pelota. Un asunto con apretar las riendas y los tobillos en el lugar y momento equivocados. Igual, se estabilizó con rapidez y sostuvo la sonrisa. Era verano así que el aire era relativamente cálido. Normalmente Frankie sudaría con el ejercicio y la cantidad de pelo, pero ahora que lo llevaba trenzado el viento le acariciaba la nuca y la refrescaba. Era práctico, si, pero no lo llevaría como costumbre.
Con la mano caída hacia un costado, Frankie balanceó la pelota como si su brazo fuese un péndulo y la lanzó hacia donde estaba Roan. O al menos tuvo la intención de lanzarla para allá.
Su puntería era pésima estando en tierra firme. En los aires era mucho más inestable. Demasiadas variables para controlar.

