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Segundo Desafío: Envidia

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Rabastan Lestrange
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Segundo Desafío: Envidia

Mensaje por Rabastan Lestrange »

[+] Segundo Desafío
Domingo 24 de Febrero a Viernes 7 de Marzo.

La temática para el segundo desafío será:

ENVIDIA

Pueden aplicar el sentimiento a un escrito de cualquier género, romántico, acción, drama, humor, etc.

El ganador será anunciado el 14 de marzo en la Cartelera de Anuncios de Lectura Obligatoria.

Los votos se realizan por mensaje privado a las Administradoras, que contarán los votos. Tienen 7 días para votar, en caso de no poder hacerlo en esa fecha por favor comuníquense con la administración.

Posteen su entrada como respuesta a este post inicial con la siguiente forma:

Código: Seleccionar todo

Título:
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Tal personaje me pertenece, al igual que la historia aquí desarrollada.
Tipo: (¿Romance, humor, drama, general?)
Personajes: (Opcional)
Cantidad de Palabras:
Comentarios del autor:
¡Éxitos! Y si tienen alguna duda o pregunta, no tengan miedo de consultar. Ojalá este tema los motive un poco más a participar.


Título: Felicidad ajena
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Cathleen Cowershof no es de mi autoría y no se intenta plagiar al personaje creado por un usuario de este foro.
Tipo: General
Personajes: Cathleen Cowershof, los Marauders, Lara y Lily.
Cantidad de Palabras: 369
Comentarios del autor: Con Cowershof quedamos en que íbamos a escribir una historia sobre el otro para este desafío, y... eso. Ya sé que no es lo mejor pero no se me da esto de los cuentitos XD
La Sala Común de Gryffindor era siempre cálida, sin importar la época del año. Tal vez fuera porque sus habitantes eran animados, felices, apasionados con todo lo que hacían y vivían fogosos romances. Cathleen se hundió en el sillón mientras las risas retumbaban en sus oídos. Se cruzó de brazos, tratando de pretender que no le importaba mientras agudizaba el oído para escuchar la voz de Sirius coqueteando sin verguenza alguna con Lara. Los había visto cuando entró a la Sala: James y Lily sentados en un sillón doble, Remus en uno de los apoyabrazos escuchando la conversación, Sirius y Lara en el piso enfrentando a los otros tres, Peter cerca de la chimenea listo para carcajearse cuando su héroe hiciera alguna broma.

Cathleen era amiga, o al menos una conocida amistosa del grupo, y sin embargo nunca había logrado encajar. La felicidad que se escapaba de los poros del grupito llenaba el aire de ondas positivas que le daban náuseas. Las frases atrevidas y directas que se mandaban unos a otros, bromeando, jugando con la tensión sexual entre ellos, entre las atracciones frustradas y los deseos ocultos. Era todo tan palpable que Cathleen cerró los ojos cuando la espalda de Lily se hizo visible en su campo visual. No quería verlos. Las voces, los comentarios y las bromas le alcanzaban para hundirse más en su amarga soledad.

¿Por qué ella no podía ignorar su atracción hacia Sirius y ser parte del grupo? ¿Por qué estallaba en lágrimas cuando él decía algo lastimero, en vez de tomárselo a broma y devolverle el trato? El silencio y la risa breve y respetuosa de Remus era la más difícil de oír entre la madeja de voces. Remus, siempre tan correcto y atento. Responsable de sus actos, de sus pensamientos, de las decisiones que tomaba y las consecuencias de éste. Sirius era lo contrario, y eso era todo lo que le gustaba a Cathleen. En una relación con él siempre habría sorpresas, giros en sus historias. Para Cathleen no había nadie como él. Y sin embargo allí estaba, sentada con los ojos cerrados, las rodillas recogidas entre los brazos, mientras escuchaba la felicidad ajena queriendo ser parte de ella. Envidiaba todo eso en silencio.


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Danielle Jones
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Registrado: 20 Ene 2008 12:52
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Mensaje por Danielle Jones »

Título: Competencia
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Eliza Skeeter no me pertenece, y espero no ofenderla con la manipulación de su personaje para esta breve historia :)
Tipo: General
Personajes: Eliza Skeeter
Cantidad de Palabras: 563
Comentarios del autor: Para alguien que nos dio tanto, y que creo que no le hemos devuelto lo suficiente. ¡Te extrañamos! ♥

Eliza Skeeter cerró de un portazo su oficina en El Profeta Diario. No quedaba nadie en el piso, y los miembros del staff nocturno se encontraban en el piso superior. Golpeó con frustración un jarrón con flores frescas que algún hombre le había enviado en forma de admiración y afecto, mandando a volar pequeños trozos de porcelana por el suelo de madera y el agua chorreándose entre la flora agonizante. Las luces parpadearon, la ira de Eliza era tangente mientras se sentaba tras su limpio escritorio y hundía la cabeza entre las manos, frustrada y herida.

El cabello pelirrojo le llovía contra la pálida y hermosa frente: los ojos cerrados, las gruesas pestañas sosteniendo con afán unas lágrimas que amenazaban con arrojarse, vencidas, sobre sus mejillas sonrojadas. Era humillante, pero no podía hacer nada al respecto: siendo crítica como era, podía discernir perfectamente entre una nota merecedora de la primera plana y una que podría dejarse para rellenar alguna otra edición. Maldijo su nombre de nuevo, empleando términos que desde su adolescencia no utilizaba para describir a alguien.

Abrió los ojos y, tomando aire profundamente, desdobló la edición de El Profeta del día. "Reportaje Encubierto: La verdad en el Ministerio y las Desapariciones que Encubren" en letra grande y debajo, donde debería haber estado su nombre y su fotografía solamente aparecía su apellido, precedido por el nombre de Rita. La sonriente rubia muchacha se acomodaba los lentes de forma actuadamente profesional, los labios en blanco y negro mostraban una sonrisa astuta que se curvaban en una sonrisa casi insultante. No podía culpar al editor por posponer su nota sobre la aristocracia inglesa y su papel en la política por la nota reveladora y shockeante de su prima. Pero podía culparla a ella, a Rita.

Rita era excelente redactora, inventiva hasta la médula, exagerando aspectos de todo para balancear la falta de datos concretos que tenía. Y aún así, poseía diálogos, lugares y nombres importantes mezclados en el escándalo. ¿Cómo era posible? Rita llamaba la atención hasta en las calles con su andar altanero y de alguna forma había logrado escabullirse en alguna oficina para oír conversaciones de ese calibre. La estúpida Rita Skeeter, robándole su momento de gloria. Opacándola con su luz de sospechosa procedencia. La foto de Rita volvió a mirarla con esa sonrisa insolente y Eliza arrojó el ejemplar por los aires, sacando la varita y haciéndolo estallar en una nube de confeti que se esfumó antes de tocar cualquier superficie. Se mordió el labio inferior, incapaz de calmar la frustración que le presionaba el pecho.

Rita se las iba a pagar, apenas averiguara cómo era que conseguía sus fuentes de información. Y cuando eso sucediera, sería su prima la que volviera a aparecer en la portada pero ya no como periodista, sino como investigada.


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Cathleen Cowershof
Gryffindor
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Registrado: 25 Oct 2006 18:43
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Mensaje por Cathleen Cowershof »

Título: Silencio
Disclaimer: No soy rubia, no estoy que me pudro en euros, no tengo hijos, ni esposo... ni he estado casada dos veces, en realidad nunca he tenido novio, si acaso pretendiente. No soy Rowling, esta historia esta basada en lugares y personajes, que ella ideo. No gano nada con esto, porque si ganara algo, lo haría más a menudo. No intento violar copyrights. Hay un personaje aquí mencionado, que no me pertenece, le pertenece a un player del bttp.ief.st.
Tipo: General.
Personajes: Si les digo, arruino la sorpresa.
Cantidad de Palabras: 1212
Comentarios del autor: No se que tan bueno sea, pero yo cumplo, soy una chica responsable. El titulo no me convence. Lo largo, me vuelve paranoica. Definitivamente, no me reten a hacer un Drabble, no podría... Doce doce!!! X3!
Silencio, perfecto, eterno y efímero a la vez, el molesto chirrido de una silla al ser movida, lo corto como un cuchillo, pero aquel mismo sonido, quedo consumido por la oscuridad. Una de las dos figuras que habitaban en aquel momento el lugar, se movió incomoda, por sus movimientos, intentando darse calor, el frío de aquel lugar era mayor del que exteriorizaba, las paredes limpias, de un blanco sucio reflejaban quedamente, la poca luz que entraba.

La lluvia azotaba las ventanas, imparable.

Un suave ronroneo, se escucho en uno de los extremos del lugar, seguido inmediatamente por una risita infantil, femenina.

Silencio. Un carraspeo se oyó del lado contrario.

-Creí que odiabas a los animales- dijo una voz grave, de hombre.

No tuvo respuesta inmediata.

Un chasquido se escucho seguido de un ronroneo, y entonces, la dueña de la risa infantil hablo, con su voz cargada de seguridad.

-Esta oscuro, prende una luz-

-No, no pienso hacer nada al respecto- respondió burlonamente.

La voz femenina, soltó una exclamación poco decorosa, el sonido de un animal quejándose y movimientos bruscos. Y allí comenzó la persecución.

Sillas corriéndose, mesas hechas bruscamente a un costado, golpes y movimiento.

-Prende una luz!- exigió la voz femenina, autoritaria, sin vacilar.

-Bien…-

Y la luz se hizo.

Separados por varios pupitres se encontraban dos adolescentes, un muchacho de cabellos castaños, a simple vista sucios, aspecto desaliñado y una expresión de incomodidad en su rostro. Frente a él, una joven, hermosa, de cabellos oscuros, ojos verdes y porte elegante, su rostro reflejaba ira y disconformidad a pares.

Ella quiso matarlo a el.

Él quiso desaparecerse, pero la maldita puerta de aquella aula, estaba mágicamente trancada.

-Devuélveme mi varita- soltó bruscamente ella, intentando mantener su compostura, intentando no ir a Azkaban tan joven.
Él le había quitado la varita, por seguridad.

-No quiero morir joven Rebecca- siseo el, retadoramente, jugando con la paciencia de ella.

Un gruñido salio de los labios de ella, un gesto feroz se formo en su cara.

A los pies de la joven, se acerco un gato negro, se restregó contra sus piernas cubiertas por calcetines, intentando calmarla, con un maullido tranquilo, intentando atraer su atención.

-Ah… Joe- murmuro ella, agachándose junto al animal y tomándolo en sus brazos, cariñosamente, algo extraño en ella.

El castaño frunció el ceño –Ese no es su nombre- se quejo abiertamente –no tiene- aclaro.

-Por lo mismo- dijo ella alzando sus cejas elegantemente, se dio la vuelta, y emprendió camino hacia una de las sillas, lejos de él, sentándose con movimientos refinados, como un felino.

-Como quieras…- farfullo como respuesta él. Sentándose en una silla tras de él, sin apartar su mirada de la pelinegra, siguiendo cada uno de sus movimientos.

Mentalmente, él la culpo a ella de todo, injustamente, si no fuera por su culpa ellos no estarían allí, sin poder salir, con hambre y con frío. Si tan solo ella no se hubiera puesto a parlotear con aquel idiota, egocéntrico de Ravenclaw, el no se habría puesto celoso, si ella no lo hubiera evitado toda la tarde, él no habría tenido un ataque de ira, no habría destruido aquel cojín y ese mocoso de primero, no estaría en la enfermería por andar de metiche.

El silencio regreso. Lo único que se escucho, fue el golpeteo de la lluvia contra la ventana, insistente.

Si ella le tuviera el más mínimo respeto. Aunque fuera por consideración.

El recuerdo de su hermano llego a su cabeza, Rodolphus, lo invadió, le perforo el cerebro, su voz recordándole… y como la mayoría de las veces, sintió aquel gusanillo carcomerle. Envidia, ira, odio. Por todas las razones, Rodolphus, era tan terrible... Y Rebecca, si tan solo... si tan solo ella...

Entonces, a ella también le odio. Por coquetear con otros, por sonreírles, por todos los pequeños detalles que le dedicaba a otros. No a él, él que era su prometido, sintió envidia de aquellos desgraciados.

Y la culpo. Si le hubiera hecho caso, no la habría tomado del brazo, como de costumbre, ni la habría llevado a aquella aula, dispuesto a decirle unas cuantas verdades, tampoco, en su furia, habría cerrado aquella puerta con sabría que encantamiento y no habrían quedado encerrados, ellos dos y su metiche gato.

La volvió a observar, acariciaba la cabeza de su gato.

Él lo sabia ella odiaba los animales, porque eran sucios. Igual que él. Supuso entonces que ella, Rebecca, quería acostumbrarse a tratar con un animal, porque así era como le veía, muy en lo profundo, se sintió dolido... pero aquellos estúpidos con los cuales coqueteaba, ellos no eran animales, no ellos no...

Sus nudillos crujieron, y como era costumbre la observo, fijamente, sin apartar por un segundo la mirada, esperando que se incomodara.

Era para que ella no le engañara, en el fondo tenia miedo, miedo de que ella se enterara, se enterara y buscara la manera de vengarse, con alguno de esos idiotas, que tan embobados iban tras ella. Abrió sus ojos preocupado, si Rodolphus se enterase, sufriría sus comentarios durante un tiempo, sin manera de confrontarle, la mujer de su hermano, era sencillamente perfecta.

Deseo que Rebecca fuera como Bellatrix, otra vez, sentía envidia de su hermano.

La risa infantil de Rebecca llego de nuevo a sus oídos.

Ella jugaba bastante entretenida con su gato, el ronroneaba sobre sus piernas, y ella le hacia cariños en su panza. Como envidiaba a su maldito gato, ella trataba mejor al gato, que a el, a Rabastan Lestrange, su prometido.

Maldijo mentalmente a su gato, por metiche.

-Ya veras, seguro que Regulus o alguien se da cuenta que no estamos- pensó en su amigo, en la probabilidad, de que enserio notara su ausencia, quería convencerse, que no se quedaría allí con ella, para siempre.

De nuevo silencio, Rabastan bufo exasperado, cansado.

-Seguro, y ojala sepa quitar ese estúpido encantamiento- respondió ella volteando a verlo, con una sonrisa.

Rabastan le miro entonces asombrado, aquella sonrisa podía pasar por sincera, por amable.

-Y en dado caso, de que no sepa… Lestrange te echaré toda la culpa a ti…- sus dientes rechinaron, su rostro mostraba furia infinita, el gato sobre sus piernas, emitió un quejido lastimero.

-No ahorques a mi gato- replico el, sin preocuparse en realidad.

Ella aflojo el agarre, dándole cariño al gato, mientras murmuraba palabras amables.

Rabastan volvió a hacer crujir sus nudillos, maldito gato, se aseguraría de matarle en cuanto tuviera oportunidad, lo haría pasar por un accidente, así sentiría un poco menos de envidia estúpida, sentir envidia por un gato...

En que clase de ser se estaba convirtiendo.

De nuevo, el silencio invadió el aula, apenas interrumpido por los murmullos de Rebecca, y por el sonido de la lluvia.

Después de la tormenta llegaba la calma, pero con ellos nunca sucedería, y mucho menos cuando el diera la siguiente estocada.

Estas llena de pelos de gato, Livenworth. Ella enloquecería.



Thomas Gaskell
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Mensaje por Thomas Gaskell »

Título: Mentira
Disclaimer: Esta historia está basada en lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Thomas Gaskell me pertenece, al igual que la historia aquí desarrollada, y Natalie Rutherford y Sara Hodqkin son personajes de usuarios de bttp.ief.st que no me han dado permiso para su utilización.
Tipo: Romance
Personajes: Sara, Natalie, Thomas.
Cantidad de Palabras: 583
Comentarios del autor: -
-No me mires así, por favor- Thomas había juntado las palmas de las manos como en ruego, hablando en voz baja mientras salía de la Sala Común junto a Natalie Rutherford. Habían estado juntos desde hacía tanto tiempo que ya nadie recordaba un pasado individual de ellos dos.
La mirada verdosa del rostro delicado e inocente de Natalie le agujereaba la cabeza sin esfuerzo. No tuvo que decirle nada, manipularlo a que volviera a sus brazos iba a demorarse más de lo que pensaba, pero no iba a tener menos exito por ello. Natalie vio a Sara, la sonrisa blanca ausente en el rostro que era reconocido por ella, esperando con sus libros entre los brazos por Thomas en una esquina del pasillo.
La rubia, con su cabello lacio y sedoso acariciándole la delgada espalda, se detuvo frente a él. Thomas esperó en silencio algunas palabras, pero no obtuvo nada. Natalie alzó las cejas y miró hacia donde estaba la Gryffindor. Cuando Thomas se volteó para verla y enfrentó a Natalie nuevamente para explicarse sólo pudo sentir el aroma del tabaco alejándose de él y los pasos apresurados.
__

-¿Puedo preguntarte algo?- Sara, sentada a su lado en uno de los bancos del patio lo miró de reojo. Él asintió. -¿Todavía la amas?
-¿A quién?
La Gryffindor sintió una punzada en el estómago, como si la mentira de Thomas fuera tan letal e hiriente como una punción real. Se giró para verle el perfil, esperando que él se girase también, pero no lo hizo.
-Ya sabes de quién te hablo. De Natalie.
-No.
-¿No, Thomas? ¿No la amas?
Los ojos celestes clarísimos de Sara se clavaron en él como la Slytherin solía hacerlo. Buscaba la verdad y no encontraba nada que no fuera evasión. ¿Cuál era su problema? Si tanto quería a Natalie, que volviera con ella. Y sin embargo renegaba insistentemente en ello y buscaba pasar cada segundo despierto con Sara. Segundos repletos de silencios, de acercamiento físico lleno de incomodidad. Como dos piezas de puzzles diferentes.
-Thomas. Thomas- le tomó el rostro con ambas manos y él subió la vista para verla. -No me mientas. ¿Todavía la amas?
-Sí.
-¿Me amas?
-Sí.
-¿...Por qué me mientes?
Él abrió los ojos, sorprendido por la verdad con la que lo empujaba contra la pared. ¿Qué le iba a decir? Aún más, no sabía siquiera las opciones que tenía. Sara era el salvavidas del que Thomas se aferraba, por la vida misma, para no hundirse en el barco de la relación que tuvo con Natalie. Un barco que seguía a flote, pero un barco peligroso, del que él consideró bajarse antes que perecer con él.
-No te miento-
-No entiendes lo que es estar así. No entiendes- le dijo Sara, soltándolo y bajando la mirada. Se llevó las manos a la falda escolar, pasando los dedos por las líneas que entornaban las tablas. -No entiendes lo que es verte, día a día, sabiendo que piensas continuamente en otra.
Era la envidia de la relación que habían tenido, día a día, en su cara. Cada cosa que ella hiciera o dijera, iba a recordarle a ella, la que llegó primero a su vida. Cada palabra iba a ser puesta en otros labios para que lo marcara como ella lo marcó. Y sin embargo los sinceros intentos de Thomas por tapar su avergonzante verdad eran continuos, una renovación de la envidia dolorosa de Sara, que tenía tanto derecho como ellos dos de ser feliz por una vez.

Concursante ganador:

Cathleen Cowershof

Fic ganador:

Silencio


¡Felicitaciones!



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