Cuando Rajesh Korrapati había entrado aquella mañana corriendo en la sala común de Slytherin aireando la carta que sostenía en alto donde se le confirmaba una cita de San Valentín, algo dentro de Megan se calmó un poco. Por suerte, ella aún no había recibido nada que le recordara la insensatez que días antes había hecho; tan pronto como había dejado caer aquella piedra en la fuente, se había arrepentido de aquel gesto. Tal vez, la poca gracia con la que había arrojado su deseo al agua convergía en que el encantamiento no surtiera efecto.
Megan Summers fue placidamente feliz durante las siguientes cinco horas tras la recepción de la carta de su compañero. Pero al recibir una lechuza durante el almuerzo, su pulso se aceleró y su piel palideció varios tonos. Era un sobre estampado con corazones; su participación se había confirmado.
¿En qué diantres había estado pensando cuando se le ocurrió que sería buena idea aquello? Los días que siguieron a la confirmación de la cita no fueron en absoluto fáciles para la joven, pero por suerte el desmesurado trabajo que conllevaba la preparación de los TIMO’s hizo que el tiempo pasara rápido.
Llegó el sábado y conforme se acercaba la hora del encuentro los nervios de Megan iban en aumento. Tras varios descartes de vestuario, se decantó por unos tejanos desgastados, un suéter negro y una chaqueta de cuero. Por más que lo intentara le costaba salir de su
estilismo monocromático.
Minutos antes de la hora del encuentro salió decidida en dirección al patio cerrado del quinto piso. Cuando tan solo unos metros la separaban de la primera cita de su vida - lo cual ya era razón suficiente como para pecar de nerviosismo - frenó en seco. Se agarró el pecho creyendo que estaba al borde de un ataque de pánico.
Tomó aire y se convenció de quien quisiera que fuera la persona que la estaba esperando, no podía ser el alumno en el que ella había pensado. Él no era el tipo de chico que participaría en aquel juego; era absurdo pensar lo contrario.
Sin más preámbulos ingresó en el patio y se quedó petrificada cuando reconoció al Riúrik Lodbrock. No podía ser cierto. Aquello no podía estar pasando.