Bob y Frankie compartían unas cuantas cosas, como su ligero (o bastante en el caso de ella) desdén por las reglas, su elección de carrera, despreocupación y, finalmente, su falta de mamá.
Para ella, era muy natural estar sin una mamá, incluso cuando llegó Holly no la quería, y no porque ella no tratara, sino porque Frankie creó una barrera entre ambas, como si no necesitara una imagen femenina para sentirse completa porque ya lo estaba y cualquier agregado solo estropearía su forma de ser. Con el tiempo, aprendió a apreciar su presencia porque era parte importante del pegamento que unía a su familia. Sin ella no estaría Jack, sin ella su papá no sería feliz y sin ese par de cosas Frankie no viviría tan bien como lo hace.
Frankie no tenía recuerdos, como mucho tenía fotos que estaban bien a la vista en la sala de estar. No tenía necesidades maternales porque había nacido sin ellas y muy probablemente era como era por eso. Sus carencias las demostraba en otras formas aunque ella no se diera cuenta porque Frankie nunca fue alguien muy introspectivo o reflexivo.
Por eso, no notó de inmediato esos cambios de humor en Bob, más que todo porque ella andaba en su mundo, lleno magia y posibilidades. Desde el verano pasado Frankie había podido hacer magia fuera de Hogwarts, lo que causó un enorme impacto en su vida diaria. Jack estaba asombrado de que, efectivamente, estuviese yendo a la escuela (creía que estaba metida en el circo o algo así), su papá se alivió de que por fin iba a tener ayuda a la hora de cosechar el heno y Holly, bueno, se sintió más inútil que nunca, porque si Bruno la dejaba hacer ciertas cosas aunque él pudiese hacerlo con un movimiento de varita por ser amable, la emocionada Frankie no reparaba en los sentimiento de nadie. Ella ponía la mesa, tendía la ropa y cualquier cosa que supiera hacer, que no era tanto al final porque no nació para hacer magia hogareña.
Por si fuera poco, además de no haber superado la etapa de hacer magia cada vez que podía, pasaba su tiempo hablando de su futuro emocionante en la Academia y diciéndole al pequeño Danny lo opuesto a lo que Bob le decía sobre Hogwarts. Mientras su hermano le indicaba que no se ocupara en los prejuicios, Frankie soltaba cosas como ”Que se jodan los Slytherin, sienten que cagan oro” o cosas por el estilo, pero nunca con mala intención.
A media mañana de ese día les llegó el correo por lechuza, un acontecimiento que Jack recibía con muchas malas palabras porque siempre lo asustaban y le hacían derramar algo. Como siempre, Bruno era el que más recibía correo y ese día a Bob le había llegado algo. Su papá le dio la carta para que se la diera y de inmediato se percató de que venía de los Fairchild. La curiosidad la carcomió pero se contuvo y no la abrió. Buscó a su amigo pero no lo encontró en la casa. Estuvo como unos diez minutos recorriendo los terrenos hasta que lo encontró, sin percatarse de que estaba allí solo porque quería estarlo o que tenía las manos ocultando su cara. Ella le dedicó una sonrisa entre jadeos como si nada.
“¡Bob!” Le llamó con un hilo de voz a lo lejos y lo volvió a llamar cuando estaba más cerca. “Te…he…buscado…por…todas…partes” Dijo jadeando junto a él. “Mira” Le estrechó la carta. Dale dos segundos para ver más allá de su nariz.
Beyond Hogwarts RPG - Foro de rol Play-By-Post ambientado en el mundo de Harry Potter
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Las puntadas
- Frankie Gibbs
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Re: Las puntadas
Oh no, sentimientos no.
Frankie se quedó en el puesto, recuperando de a poco su respiración normal y se quedó en silencio un momento mientras le veía toda la cara roja y respirando entrecortadamente. Nunca, en todos sus años de conocerlo, lo había visto llorar, pero sabía que estaba llorando porque así luce la gente que lo hace. Ella tampoco llora, ni siquiera podía recordar cómo lucía su cara cuando lo hacía. Posiblemente se contorsionara de manera horrible y haría unos sonidos roncos y raros. El mundo estaba mejor sin sus llantos, y definitivamente también estaría mejor sin los de Bertie.
Porque si se quedaba más tiempo en silencio iba a ser más raro de lo que era se aproximó y se arrodilló junto a él. "Hey, hey, ¿Qué pasó?" Estiró una mano pero la recogió al instante, como si la tristeza se pegara con el tacto. "Mira, tienes una carta de los Fairchild" Le estiró la carta. "Sé que Mila es un dolor en el culo pero quizá no toda su familia sea una hemorroide" Añadió con una sonrisa porque lo único que se le ocurría era lanzar bromas. No puede ser seria.
Frankie se quedó en el puesto, recuperando de a poco su respiración normal y se quedó en silencio un momento mientras le veía toda la cara roja y respirando entrecortadamente. Nunca, en todos sus años de conocerlo, lo había visto llorar, pero sabía que estaba llorando porque así luce la gente que lo hace. Ella tampoco llora, ni siquiera podía recordar cómo lucía su cara cuando lo hacía. Posiblemente se contorsionara de manera horrible y haría unos sonidos roncos y raros. El mundo estaba mejor sin sus llantos, y definitivamente también estaría mejor sin los de Bertie.
Porque si se quedaba más tiempo en silencio iba a ser más raro de lo que era se aproximó y se arrodilló junto a él. "Hey, hey, ¿Qué pasó?" Estiró una mano pero la recogió al instante, como si la tristeza se pegara con el tacto. "Mira, tienes una carta de los Fairchild" Le estiró la carta. "Sé que Mila es un dolor en el culo pero quizá no toda su familia sea una hemorroide" Añadió con una sonrisa porque lo único que se le ocurría era lanzar bromas. No puede ser seria.

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Re: Las puntadas
No sabía qué hacer en esa situación. ¿Debía abrazarlo? ¿Debía irse para que estuviera más cómodo? Necesitaba más información para saber si su compañía era necesitada o indeseada, pero automáticamente se puso nerviosa. Comenzó a jugar con sus manos, torciéndose los dedos y mordiéndose los labios.
Verlo llorar y decir que le había comprado torta le tocó una fibra de simpatía que la impulsó a posar una mano en su hombro. "¿Te pasó algo comprando la torta? ¿El tuerto Andy quiso tocarte?" Preguntó con cuidado, imaginando lo peor.
El tuerto Andy era un anciano muggle siempre ebrio que era casi patrimonio regional de la zona. Frecuentaba el área Arborfield y que siempre les sonreía a los peatones con sus tres dientes restantes y pedía que se les acercara para contarle historias interesantes. Hasta ahora no había ocurrido ningún altercado con ese señor pero Frankie no pudo evitar pensarlo porque Bob tendía a tomarse algunas cosas a la ligera y era normal, como magos jóvenes recién capaces de hacer magia fuera del colegio, creerse invencibles.
Verlo llorar y decir que le había comprado torta le tocó una fibra de simpatía que la impulsó a posar una mano en su hombro. "¿Te pasó algo comprando la torta? ¿El tuerto Andy quiso tocarte?" Preguntó con cuidado, imaginando lo peor.
El tuerto Andy era un anciano muggle siempre ebrio que era casi patrimonio regional de la zona. Frecuentaba el área Arborfield y que siempre les sonreía a los peatones con sus tres dientes restantes y pedía que se les acercara para contarle historias interesantes. Hasta ahora no había ocurrido ningún altercado con ese señor pero Frankie no pudo evitar pensarlo porque Bob tendía a tomarse algunas cosas a la ligera y era normal, como magos jóvenes recién capaces de hacer magia fuera del colegio, creerse invencibles.
