Allegra había sido muy cobarde como para participar, pese a que varios de sus compañeros le parecían lindos, porque creía que nadie querría una cita con ella. Sabía que era bonita, sus compañeras de ravenclaw le habían asegurado que así era, pero de todas formas no se sentía la gran cosa como para que alguno de ellos quisiera invitarla en una fecha así. Quizás tantos años leyendo la Corazón de Bruja la habían convencido de que San Valentín era una fecha importante, cursi, romántica, que no se tomaba a la ligera, como el amor.
Por eso recibir una invitación la puso feliz pero también muy nerviosa. Había pasado esos días hasta la mañana del domingo observando a sus compañeros, intentando adivinar quién podría haber sido. ¿Y si era un chico de otro año? La idea de todas maneras la divertía y avergonzaba en partes iguales.
Se levantó temprano, una de sus compañeras la ayudó delinéandole los ojos porque había insistido que no importaba que fuera domingo y que fuera la hora del desayuno, no dejaba de ser una cita por San Valentín y debía estar
arreglada. Se recogió el cabello y bajó de la torre para dirigirse a los invernaderos. Cuando estaba a unos pasos, ya sintió unas cosquillas de nervios en el estómago, por lo que decidió esperar afuera, en la puerta y no entrar a donde estaba la mesa ya lista para recibirlos.